19xx – Historia de uno o varios pedos

TITULO Historia de uno o varios pedos
AÑO Cualquier año
PROTAGONISTAS Todos
AUTOR Juan Manuel Orozco

ADVERTENCIA IMPORTANTE: El contenido de este mensaje puede resultar cuando menos molesto y desagradable para algunos estómagos refinados con el paso de los años, se recomienda retrotraerse los años necesarios para volver a la edad de estancia en el Infanta, en la flor de nuestra vida, aunque a veces la flor olía un poco mal……si es que donde hay 500 críos…. ¿Qué cantidad de metano se iría a la atmosfera por día?

La verdad, es que había empezado a escribir una palabra para el diccionario… Airear, Acción de dar aire en una zona determinada con el fin de renovar el oxígeno de la misma…….. Pero según iba escribiendo me venían a la mente montones de situaciones vividas en el Infanta y que tenían un denominador en común, “el pedo”, conocido también como “cuesco”, “bufa” y un sinfín de acepciones según la región de procedencia.

Una de las ventajas o inconvenientes (no termino de tenerlo muy claro) de estar internado en el Infanta y referente a este relato, es que todos comíamos lo mismo, podía haber alguna diferencia en cuanto a cantidad o aportaciones extraordinarias de paquetes o bocatas de Quinito, pero en un gran porcentaje, el resto era igual para todos, aquí es donde el cuerpo humano no deja de sorprenderme, si la materia prima es básicamente la misma, ¿Cómo metabolizábamos de maneras tan distintas?, unos generaban unos gases que originaban pedos como vuelos de mosquito y otros parece que tenían dentro los cañones de Navarone , unos pasaban totalmente desapercibidos en sus “fragancias” y otros movilizaban a todo el mundo generando auténticas estampidas ante la nube toxica generada.

Quiero recordaros que en aquellos tiempos, no teníamos móvil, videojuegos, casi no veíamos la tele y un largo etc. por lo que cualquier cosa servía de entretenimiento, mofa o escarnio de unos para otros y viceversa.

En el momento que un huérfano tiraba en clase un pedo y su olor era más o menos insoportable, el susodicho cogía una libreta o carpeta agitándola en las proximidades del culo o a la altura de la boca (dependiendo de la densidad del pedo), lo que producía un alivio instantáneo en la denominada “Zona Cero” (lugar del suceso) pero congestionaba las más próximas con semejante gas toxico. En ocasiones, el interfecto estaba tan hecho a los olores de sus pedos que solamente lo aireaba con la idea de “compartir” con sus compañeros semejante fetidez, “compañerismo, en el Infanta, siempre”. Algunos campeones y dependiendo de lo que se hubiese comido recientemente, podían propagar la podredumbre hasta cuatro o cinco pupitres a la redonda, lo que dependiendo del tamaño de la clase podía verse afectada en su totalidad. Los más mortíferos solían ser silencios, los ruidosos, eran menos fétidos y se estaba preparado para recibirlos si no existía posibilidad de fuga, pero los primeros, coño con los primeros, si estabas concentrado estudiando y poco a poco ibas percibiendo un olor extraño hasta que alguien daba la voz de alarma y todos a protegerse. La voz de alarma podía ser de mil maneras, todas alertaban del peligro inminente como, “tas peio” “tas podre” “tas cagao” “joder, ya vale” y un largo etc., eran las más comunes formas de alertar al resto, aunque en primera instancia lo que trataban era de increpar al hipotético culpable. Esto era como la policía, antes de saber quién fue, ya había una lista de sospechosos que rara vez fallaba.

Existía un dicho “El que primero lo huele, debajo del culo lo tiene”, por lo que a veces, el primero en dar la voz de alarma, no era el primero en detectarlo, sino que los anteriores a él se callaban por si eran acusados de marranos y así intentaban pasar desapercibidos, para eso el Infanta daba clases magistrales y que luego pusimos en práctica en la vida “civil”, si estando en el patio, debajo de las palmeras, en el muérete frente a la entrada a la Capilla o en cualquier otro sitio típico de reunión y éramos un grupo numeroso, de pronto se producía estampida, la norma era salir corriendo sin preguntar o haciéndolo a la vez que corrías, ¿Qué pasa, viene alguien, se han cagado? normalmente siempre quedaba algún rezagado y era el que solía cargar con las culpas, después y dependiendo de la manera de actuar, si te ponías rojo, si jurabas y perjurabas que no habías sido y un largo etc., se llegaba a la conclusión de que había sido “fulanito”, aunque era habitual que pagaran inocentes por culpables, se tenía muy calado a los pedorros habituales. A veces, la peste acompañaba a los que habían salido de estampida con lo que quedaba claro que el culpable estaba entre ellos, normalmente una sonrisa socarrona delataba al autor.

Como comentaba, fuera de clase, también sucedía de la misma manera pero con menos nivel de propagación al estar a cielo abierto, pero existía otra variante más mortífera y que casi todos practicamos (y el que diga que no miente) que era en la cama. En las frías noches de invierno, los huérfanos metíamos la cabeza debajo de las sabanas para con nuestro vaho calentar el interior o en cualquier época para leer con una linterna una vez apagada la luz, lo malo era cuando te tirabas un cuesco de los podridos, al principio intentabas aguantar pero cuando la peste era insoportable, emergías como si salieses de hacer un largo de la piscina, tomabas aire y comenzabas a mover la ropa de la cama arriba y abajo haciendo efecto fuelle y sacando la peste y como no, compartiéndola con tus compañeros, que si estaban dormidos fuera de las sabanas se escondían dentro rápidamente a la vez que ponían la voz en grito diciendo toda clase de improperios, mientras el culpable reía tímidamente.

También existía la variante de primavera, el tiempo era más agradable, dormías con la cabeza fuera y de repente un pedo, no había problema, sellabas cualquier posibilidad de fuga apretando con los brazos la ropa de la cama, estaba contenido en el interior, pero aquí podían pasar dos cosas, la curiosidad que nos entraba… ¿olerá o no olerá? Hacía que levantásemos un poco para comprobarlo (agggg que oloroso me ha salido) o bien en algún movimiento de cama se filtraba al exterior, al final terminábamos agitando las mantas para quitarlo de golpe y no estar media hora respirándolo a pequeñas dosis, por lo que el resultado era el mismo del caso anterior.

En días que comíamos fabada, garbanzos o similares, por las noches en algunas familias se podía “mascar” un ambiente “cálido y de olor nauseabundo” que difícilmente se quitaba en toda la noche. Después de muchas experiencias, antes de entrar en una familia ya podías garantizar quien se encontraba dentro. Algunas noches, al acercarte a la 9 familia (WC) era similar que aproximarte a Valencia en época de fallas.

De todos los pedos, los que solían causar mayor hilaridad era cuanto más solemne era la situación en la que sucedía, si era en el patio o similar, el efecto era inmediato y duraba poco, a los 2 minutos ya se había olvidado todo, si era en clase, la cosa se alargaba más y especialmente porque no podías moverte, solamente en ocasiones graves y ante la pregunta del profesor o inspector, alguien decía “si es que se han cagado” ya tomaba más recochineo cuando se producían en el cine, el anonimato de la oscuridad hacia que se dijesen barbaridades que incluso podían para la proyección, pero el sumun de todos, era tirárselo en misa, aquí el mutis era total, gestos de asco, resoplidos y poco más, había que aguantar y esperar a finalizar que era donde podías recriminar al autor (si es que se localizaba o confesaba), pero la anécdota, al menos duraba un par de días.

Normalmente los pedos tirados en los casos anteriores eran propensos a castigos generales, aunque no siempre sucedía, pero los que se tiraban en las filas, tenían todas las papeletas para ser un plantón, domingo, etc., motivado por la algarabía, gritos y estampidas que provocaban.

Y como supongo imaginareis, la cosa se complicaba y se volvía desternillante si se producía en el exterior, metro, autobús, cine o discoteca.

No quería cerrar este relato, sin recordar a Mario Romero Macías (DEP) era un especialista en el innoble “deporte” de tiro de pedos, podéis leer su especialidad en el apartado “Profesores” en el relato “Don Mariano y la natación sincronizada”, Mario, tenía gracia hasta para tirarse pedos.

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2 respuestas a 19xx – Historia de uno o varios pedos

  1. Angel Urruchi dijo:

    Bravo Orozco! Es tanto el interés de tu, de nuestra común historia que no quisiéramos que terminase tan pronto. Creo que tienes materia para escribir casi un libro. En Zafra los pedos que mas nos hacían reír era por la noche y en la cama con la luz apagada durante el rezo cotidiano del rosario. Había de todo como los de tu recito, pero era tanta la hilaridad que ocasionaban que no todos salían del órgano que les correspondía. Los había también ficticios. Aquellos a quien no les quedaba suficientes aires o fuerzas abdominales y con el fin de participar a la algarabía general, apoyando con fuerzas los labios al antebrazo soplando y haciendo vibrar los labios producían estruendosos ruidos similares a enormes pedos que nos dejaban dudar de su veracidad, pero la risa era general. “Ora pro nobis”

  2. Luis Apesteguia dijo:

    Magnífica redacción, como siempre, de nuestro hermano Orozco a pesar de lo escatologico del tema, hablar de “ventosidades” no es un tema fácil, aunque sea para definir situaciones reales pasadas.

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