1964 – Menudo cirio de cirio

TITULO Menudo cirio de cirio                  
AÑO 1964
PROTAGONISTAS Sergio Garcés (59-70)
AUTOR Sergio Garcés

No se situar exactamente el año pero creo que sería allá por el 64.

Corría la Semana Santa de ese año, y me apunté junto con Bastante, de monaguillo del Padre Esteban. Una de nuestras labores consistía, en que durante el tiempo que estuviera instalado el monumento, que era una especie de escalera semicircular que ocupaba el ala derecha de la capilla, teníamos que sustituir las velas que se encendían en el mismo, cuando les faltase como una cuarta para que se terminasen. Luego venían las feligresas de la calle a por los cabos de vela, para ser encendidos durante las tormentas, pues parece ser que protegían mucho de ellas………???.

El caso es que teníamos que estar siempre uno de guardia, y el otro se quedaba dormido en la sacristía del ala izquierda de la capilla, en un camastro que hacíamos en el suelo.

Cuando ya teníamos reunidos una buena caja de cabos de vela, se nos ocurrió una idea: si fundíamos los cabos en un recipiente, y a base de sumergir y sacar repetidas veces un trozo de mecha, de la que se utilizaba colocada en una vara larga para encender las velas, conseguiríamos fabricar un CIRIO.

Nos pusimos manos a la obra, y en un florero metálico nos pusimos a fundir los cabos de vela en un infiernillo, el caso es que metíamos la mecha, y no se mantenía recta, y salía hecha un churro, poníamos un contrapeso abajo, en el final de la mecha para mantenerla recta, pero también cogía cera el contrapeso y se formaba una bola….., de modo que nuestro proyecto no cuajaba, en medio de semejante ajetreo, damos un empujón al florero, se derrama la cera líquida por el suelo y se prende fuego con el infiernillo.

Echamos mano de una de las sotanas de gala rojas que utilizaban los monaguillos en las ceremonias importantes para apagarlo que allí estaban colgadas. Se nos prendió fuego la sotana y con mucho esfuerzo, conseguimos apagar el fuego con ella pero quedó destrozada.                            

       Limpiamos el suelo lo mejor que pudimos y por la mañana, con la sotana hecha un hatillo y a escondidas fuimos a la huerta del Sr. Puertas que tenía detrás del pabellón de los pequeños, hicimos un hoyo y enterramos los restos de la sotana roja.     Luego, como yo no era monaguillo titular sino que me había agregado para esa Semana Santa, no sé en qué quedaría el asunto, pero me imagino al Padre Esteban volviéndose loco buscando la sotana roja llegado el momento en que la necesitasen.

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