1959 ¡Colegio, te odio tanto como te amo!

TITULO ¡Colegio, te odio tanto como te amo!
AÑO 1959
PROTAGONISTAS Cualquiera de nosotros
AUTOR Laureano González Rodríguez

Estaba nevando en Madrid, mañana gélida de un domingo cualquiera del mes de enero del año 1959, aproximadamente -7º. Sobre la capa blanquecina que la enorme nevada había dejado en el suelo, un pequeño rapazuelo caminaba en soledad, tiritando, con sus botas de suelas desgastadas y sendos agujeros en ellas que había tapado con unos cartones para que las plantas de los pies no tocaran la capa blanquecina del suelo.

El chaval estaba afligido, no ya por sempiterna tristeza heredada de su orfandad y falta de amor fraternal, había otros motivos que para él eran irreversibles y de difícil solución, por eso deambulaba por el interior del recinto amurallado del orfanato, meditando en muchas cosas a la vez, buscando artificiosas soluciones para sus problemas personales de imposible subterfugio como, la de saciar el hambre que le carcomía sin tener ningún pedazo de pan duro que llevarse a la boca; con el inmenso frío que le martilleaba en las sienes y que le habían producido grietas y sabañones en la piel; y, recurriendo a la oración, rezando para que no le sacaran a la pizarra el lunes por la mañana para preguntarle por las lecciones que debería haber estudiado durante el fin de semana, como consecuencia del castigo desproporcionado de tenerle encerrado en un aula por haber sido un niño desaplicado, por lo menos eso le había dicho su verdugo. Pero un crío malhumorado, desprotegido, maltratado, con enorme avidez y con descomunal frío no puede tener propósitos de enmienda, al revés, estos suplicios desgarradores e inhumanos le hacen ser cada día más rebelde, y si no se transforma y envilece es por los genes que le ha transmitido ese glorioso sombrero de charol que su padre con orgullo portó hasta el día de su muerte.

2 respuestas a 1959 ¡Colegio, te odio tanto como te amo!

  1. Sergio Garcés Litago dijo:

    Soy Sergio Garcés Litago, yo entré en el Infanta en 1959 con 8 años y la verdad que yo no recuerdo para nada que pasáramos hambre….
    Como en todos los órdenes de la vida, había cosas que nos gustaban más (La paella, el filete empanado, las croquetas, la tortilla…etc) y otras que nos gustaban mucho menos (el ragú, la carne de membrillo, el chocolate) pero aplicábamos el dicho de: A buen hambre, no hay pan duro y así transcurrieron los 10 años que pasé.
    Había cosas injustas (te castigaban con domingos indefinidos estudiando, por romper un cristal jugando al balón en el Patio Central, o de Poliburón por la noche hasta que llegaba el inspector que te había castigado y que ni siquiera se acordaba de que lo había hecho, robándote horas de sueño a edades muy tempranas, pero yo por mi parte y a pesar del tiempo transcurrido, solamente me vienen al recuerdo los momentos buenos allí vividos.
    Un abrazo

  2. pacoruiz dijo:

    ¡¡¡Chapó!!! También puede ser mi historia. Esto es en el 59 (o 50-51-52…) y hace ahora tres días, año 2012 tomamos café juntos -por cierto tú tomastes té y lo querías verde, que no había- en la esquina que hace Miguel Redondo con Avd. de Italia. Nada menos que 53 años entre una cosa y la otra. Después de esto que puedo decir. OS QUIERO. Un fuerte abrazo hermanas/nos

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