¿Eres tú el último?

TITULO ¿Eres tú el último?
AÑO Siempre
PROTAGONISTAS Todos
AUTOR Juan Manuel Orozco

Educación. (Del lat. educatĭo, -ōnis).

  1. f. Acción y efecto de educar.
  2. f. Crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes.
  3. f. Instrucción por medio de la acción docente.
  4. f. Cortesía, urbanidad.

La mayoría de los que pasamos por el Infanta, lo hicimos en unas edades en las que se cimentaba nuestra educación y con mayor o menor acierto así lo intentaron profesores, inspectores, señoras, pinches, cocineros y un largo etc. de personajes que tenían contacto con nosotros.

Yo, no es por presumir, pero de joven siempre me decían que se notaba que estudiaba en Madrid, quizás no era muy difícil destacar en mi barrio marginal de mi querido Oviedo, pero hoy en día que no hay tantas diferencias como antes, a veces aún me sorprendo de la poca educación que tiene la gente y el poco respeto hacia los demás y la propiedad común.

En el Infanta, estábamos todo el día de aprendizaje, no era como en la calle que los críos terminaban el colegio donde les intentaban educar lo que buenamente podían, pero que luego en muchos casos, no se continuaba con la misma labor en casa. A nosotros, nos tocaba aprender a todas horas, en los dormitorios, en el comedor, en el recreo, en clase….. además de guardar compostura, no tirar nada al suelo, ser respetuosos en temas de religión, dar buen trato a las personas mayores, hablar educadamente, respetar la propiedad privada y la común y un largo etc. también aprendíamos a ser respetuosos con nosotros mismos y un buen ejemplo eran “Las Filas”. Ojo, todo lo anterior no significa que no las armásemos de órdago, pero eso sí, con educación.

Hacíamos filas para cualquier cosa y aunque “ilegales” siempre los hay, el saltarse la fila estaba muy mal visto, colarse utilizando cualquier artimaña también. Eran habituales que quien lo hiciese fuese mayor o más fuerte que los demás, pero en ocasiones, la mayoría débil se unía y hacia que cada uno se pusiese en su sitio. No quiero centrarme en los altercados que los había, sino en para que hacíamos fila y es que da para mucho.

Fila para entrar al comedor, cuando era hora de una de las tres comidas, en el comedor de los pequeños era tocar el silbato y ya estaban formadas las filas, nos peleábamos por ser los más rápidos y los primeros. Se formaban varias según los cursos, iban pasando ordenadamente a indicaciones del inspector de turno. En el comedor de mayores, éramos más displicentes, nos hacíamos los locos como si nos diese vergüenza formar y salvo que el inspector se pusiera tonto, aquello más que fila era un cumulo de gente, si nos daban el toque a regañadientes pasábamos a formar y si encima nos mandaba “A cubrirse” ya no te digo….murmullos, brazos medio encogidos… normalmente, esto era el preámbulo de un plantón, breve porque estaba el comedor esperando, pero plantón. Con el paso del tiempo no entiendes porque ese afán de ser el primero, si hasta que no entrabamos todos y estábamos sentados, no se empezaba a bendecir la mesa y después comer.

Fila para izar bandera, no recuerdo si era antes o después del desayuno, creo que era posterior ya que a mí el café del Infanta me hacía de terrible laxante y creo recordar que muchas veces el izado de bandera me parecía interminable, como decía, se formaban filas por cursos a ambos lados de la bandera aunque aquí el efecto era contrario, la preferencia era estar al final, allí con mover la boca valía, adelante, tenías que cantar.

Fila para comprar, el tener los recreos muchos cursos a la vez generaba que se formasen colas en Quinito, la de los bocatas era la más ordenada ya que la de la barra al ser paralela a ella era más anárquica y el que más cara tenia o el que mejor caía a quien despachaba (en muchas ocasiones, un huérfano), terminaba primero, esto te enseñaba a no dejarte pisar. La Señora Caramelera, también tenía su propia fila, también anárquica y rodeándola por todos lados, algo que ella intentaba evitar a toda costa, se olía la maniobra de algunos ya que en ocasiones dicha situación propiciaba que a alguien se le escapase la mano al carrito de las chucherías, si lo veía, el manotazo estaba asegurado.

Fila para merendar, muy típica y quizás en la que más “colados” se metían, especialmente de los mayores que no “tenían” tiempo para perder en esas tonterías. Los pequeños echaban a empujones a quien intentase meterse delante de ellos, la táctica era tener la pared ganada y empujar al intruso contra el de delante que a su vez aseguraba la pared, esto originaba un guirigay que ponía en alerta al inspector que enviaba al final al que “sobresalía” más de la fila, normalmente, este se iba resignado y refunfuñando “pero si yo estaba ahí” y lo jodido, era que a veces era verdad cuando el intruso ganaba la pared.

Fila para retirar la ropa, aunque no solía crearse con frecuencia, a determinadas horas los sábados por la mañana podías coincidir con los más pequeños pero en el momento que los veías desfilar camino de Don Jesus Carbayude, te dabas la vuelta para los pisos a esperar que aflojase la cosa, 4 ó 5 personas podías esperar, mas no. Después cuando veías venir a alguien, preguntabas ¿Hay muchos?, dependiendo de la respuesta, procedías en consecuencia.

Fila para retirar los giros, quizás la más corta de todas y la que más tardaba en pasar. Diez minutos antes de que se abriese la puerta ya estaban los clásicos ansiosos esperando a tener dinero fresco para ir corriendo a Quinito o a la Señora Puertas. Pero anterior a esos 10 minutos, ya se merodeaba ansiosamente por la puerta principal un buen cacho.

Fila para entrar en la piscina, el poco tiempo que nos dejaban para bañarnos también hacia que quisiéramos ser los primeros en entrar, corriendo para en menos tiempo que se tarda en cambiar de ruedas en F1, nosotros ya estábamos en bañador dispuestos para darnos un baño refrescante.

Fila para retirar el paquete para el viaje, otra de las deseadas como la de los giros, aquí no importaba estar un rato esperando aunque como en casi todas, también había estrategias, si alguien salía y decía que le habían dado un bocata de salchichón, esperabas a ver si un poco más tarde cambiaban a chorizo. Los de filete de chicle y tortilla eran casi fijos que tocaban.

Fila para vacunarse, quizás la fila menos deseada y donde veías a todos descamisados y con un brazo al aire para no perder tiempo a la hora de pincharnos.

Fila para entrar en el cine, la afición por ser de los primeros era inversamente proporcional a tu estatura, ya que era de vital importancia si eras de los pequeños el estar en las primeras filas, al estar las butacas en plano, si se sentaba alguien mayor que tú delante, poco ibas a ver la película. Se entraba a tropel para coger los primeros sitios. En el pasillo derecho que unía el pasillo central con los laterales, estaba reservado para las hijas del Sargento Molero (Funes) y otros invitados. Los mayores solíamos ponernos en su proximidad o al fondo del todo para poder soltar alguna burrada en mitad de las películas.

Fila para plantón, como no podía ser de otra manera, los plantones se hacían en filas, aunque aquí no tenían ningún sentido ser primero o ultimo, si acaso lo que interesaba era estar lo más lejos del inspector vigilante del plantón o en una zona donde pudieses apoyarte en la pared sin ser visto. A veces sí que interesaba ser visto, había inspectores que por tu “buen comportamiento” en la fila iban enviando a algunos para la cama, pero si tenías mala fama ya te podías cansar de esperar a que se acordase de ti.

Fila para gimnasia, otra que no tenía como objetivo conseguir nada, solamente se formaba para hacer las dichosas tablas del Coronel Espinazo, aquí tampoco importaba el lugar, el Espinazo se movía a lo largo de la fila observando cuantos fallos cometíamos.

Luego había otra serie de situaciones, que aunque no era habitual que generasen una fila, el gran número de huérfanos que había podar dar ocasión a crear alguna, como por ejemplo:

  • Compra de tabaco en la Señora Puertas
  • Ir a por ropa nueva al vestuario, especialmente si veías a alguien con algún modelo nuevo como cuando empezaron a dar trencas y anoraks.
  • Ir a WC, era lógico que en los recreos cuando soltaban a varias clases a la vez, los no muy numerosos baños se viesen colapsados, si la necesidad era de “aguas menores” la cosa era más rápida, pero si era de “aguas mayores” la cosa se complicaba un poco y podía generar algún tipo de fila.
  • También había lo que podíamos denominar como “fila o cola imaginaria” ya que no era presencial, pero si se seguía un cierto orden para algo, como por ejemplo, leer una novela de Estefanía, un Interviú o algún tebeo o similar. Otra era para cobrar alguna deuda económica o en especie (galletas, croquetas o similar), si había alguien con más antigüedad para cobrar, tenías que esperar tu turno para poder saldar la deuda.

Bueno, supongo que me quedaran algunas y de las comentadas seguro que tenéis muchas cosa que decir o corregir, para eso estamos para entre todos recrear aquellos años lo más fielmente posible.

En fin, no sé si las filas nos enseñaron mucho o nos llegaron a influir algo en nuestra educación, yo viendo lo que veo todos los días, viendo como he educado a mis hijos, creo que el Infanta en su conjunto tuvo muchísimo que ver y a día de hoy ver a algún listo que pretende “colarse” me enciende muy rápido.

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