1970 – 1980 Estados de Animo

TITULO Estados de Animo
AÑO 1970-1908
PROTAGONISTAS Todos los Huérfanos
AUTOR Juan Manuel Orozco

Durante mi estancia en el Infanta, se producían constantes cambios de mi estado de ánimo que dependían básicamente de unos factores claramente identificados y que entre otros eran:

  • Situación emocional
  • Compañía
  • Situación económica
  • Temperatura ambiente
  • Día de la semana
  • Hora
  • Edad
  • Comida
  •            

Intentare describir brevemente gran parte de ellos.

La comida, básicamente, la gran mayoría de los días comenzábamos bien, salvo excepciones, todos los desayunos eran consistentes, después en el recreo de las once algo podíamos comer también, pero la comida……, la comida modificaba nuestro estado de animo de manera inmediata positivamente si lo que había te gustaba o negativamente si no era de tu agrado e incluso de manera retroactiva si la comida era liviana y te había dejado indiferente y la cena no cumplía con nuestras expectativas y se limitaba a un puré o caldo gallego y una pescadilla. Si tenías una mala comida o cena y no podías contrarrestarla con un bocadillo aunque solo fuera del caldo de los mejillones, tu humor se hacía notar por los rugidos de tu estómago. Por el contrario, si la comida era buena y la cena adecuada, eran indicadores de que el día podía ser redondo.

La edad, quizás era la que más marcaba la diferencia, pues mientras de pequeños jugábamos y nos entreteníamos con cualquier cosa, de adolescentes éramos más “exquisitos y complicados” a la hora de buscar diversión. De críos, una excursión a los pinos o a la Pedriza, era toda una aventura, de mayores, necesitábamos más el contacto con el exterior, chicas, cine, tabaco, cañas.
De críos éramos más vulnerables a los miedos, a la falta del cariño de nuestras madres, si alguien abusaba de nosotros, no teníamos a nadie que nos dijese cuanto nos quería, que guapos o inteligentes éramos, de mayores y aun teniendo las mismas carencias, por parecer menos hombres no podíamos demostrarlas públicamente o tratábamos cuando menos de ocultarlas. De críos, pasabas de estar llorando desconsoladamente a estar jugando pletóricamente aun con las lágrimas cayéndote por la cara, de mayor, te lo terminabas tragando todo. De adolescentes ya cuestionábamos más por qué estábamos allí, porque no podíamos estar o tener lo mismo que los externos y gente de la calle y cierta envidia nos reconcomía.

La hora, también definía nuestro estado de ánimo de manera natural, a cada cual de una manera distinta, algunos nos levantábamos pletóricos con ganas de comernos el mundo pero a las 21:00 estábamos acabados y con ganas de dormir y otros tardaban en arrancar pero luego por la noche tenían ganas de juerga, oír la radio, etc. También marcaba mucho si estabas en el recreo de por la mañana, media hora que no daba para mucho, o en el de después de comer, el más amplio, aunque el más relajado era el de la tarde, con casi todo el día finiquitado a falta de las horas de estudio. Uno de los recuerdos más gratos que tengo, es después de cenar, en las noches de temperatura agradable, el retorno a los pisos caminando pausadamente en charla con los amigos fumando un cigarrillo y la parada obligatoria en el murete frente a la entrada de la capilla.

Día de la semana, como no podía ser de otra manera, los lunes no tenían punto de comparación con los fines de semana, pero especialmente con los viernes, no había nada comparable a las tardes del viernes, todo el fin de semana por delante, hacer planes con la guía del ocio los mayores si había dinero y no teníamos que estudiar, los pequeños a jugar sin descanso. Excursiones, competiciones deportivas, visitas a museos, conciertos, nuestro querido cine con sus mínimo cinco cortes para cambiar el rollo, la sala de juegos, piscina…..etc. creo que no podemos quejarnos de la oferta variada que solíamos tener. El domingo por la noche ya se veía venir el lunes y nos acogotaba un poco, además ayudaba el retorno de los huérfanos que pasaban el fin de semana en casa y venían frescos, oliendo a colonia, con provisiones para una semana……aquellos botes de leche condensada, mejillones, menos mal que siempre nos tocaba algo. Recuerdo como cuando Ocaña metía las cosas en el armario, me llamaba muchísimo la atención unos calcetines blancos de deportes, esos de las rayas rojas y azules, los traía tan blancos…..y nosotros los tachines negros….y si tenías alguno de casa, lavados a mano y con jabón.

Temperatura ambiente, lógicamente también nos afectaba, había mucha diferencia de echar una partida al frontón en mayo o junio a hacerlo en diciembre o enero, o simplemente de hacerlo en el frontón a hacerlo en los soportales a causa de la lluvia, esto era extensivo a la práctica de cualquier deporte. El frio y la lluvia, reducían considerablemente los decibelios del bullicio de nuestros juegos e incrementaba proporcionalmente el número de domingos impuestos como castigo por jugar, gritar, correr en los pasillos. También ayudaba a nuestra higiene, en invierno o esperabas a los días de agua caliente o corrías el riesgo de una hipotermia, en primavera, podías ducharte muchos días.
El Infanta podías aprovechar el ir a cualquier sitio para ir paseando y charlando con los amigos, ir hasta Quinito, al ropero, a la lavandería, enfermería, etc. Si el tiempo no acompañaba, todo lo hacías más aprisa y tenías más tiempo para aburrirte.

Situación económica, dependiendo del dinero que teníamos en nuestro bolsillo, podíamos cambiar de estado de ánimo fácilmente, era muy difícil ver triste a un huérfano si estaba comiendo un bocata de Quinito, con un paquete de tabaco en el tachin o con la guía del ocio bajo el brazo, si recibías un giro o lo hacía alguien que te debía dinero o si en una carta o en un paquete encontrabas un billete de 100 Ptas. Tu estado de ánimo fluctuaba como el índice del IBEX, esto no quiere decir que solamente estabas pletórico cuando tenías pasta, pero coño, como ayudaba. Incluso a veces, cuando lo gastabas todo, te alegrabas en cierto modo, pasabas a ser un desperrado como la mayoría y no una excepción. Cuando estabas sin blanca, sabias que los que estaban a tu lado lo hacían por amistad.

Compañía, todos los anteriores podían agravarse o incluso no servir de nada si no tenías buena compañía, por semana era sencillo, pero los fines de semana, se marchaban muchos huérfanos que vivían en Madrid, si tus mejores amigos eran de esos, tenías que reorganizarte, aunque eso era tarea fácil, siempre había otros grupos que te recibían bien aunque no existiese la misma complicidad. La compañía te servía de desahogo, un hombro donde llorar o de apoyo en los momentos duros, de consejero con un punto de vista distinto al tuyo o cuando menos más objetivo….y un largo etc.
Si de verdad creo que la gran mayoría de nosotros visitamos las páginas del Infanta, seguimos los grupos del Facebook y aun nos emociona cualquier cosa del Infanta, en su mayor medida se debe a nuestros compañeros/hermanos que allí hicimos.

Situación emocional, independientemente de que te levantases bajo de moral, un poco alterado o pletórico de energías, una sola de las situaciones anteriores podían arruinarte el día o por el contrario, convertirlo en glorioso.

Espero que os sintieseis identificados en algunos puntos y que si recordáis otros los comentéis.

Un abrazo.

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