1977-79 El Perchas y El Cipriano

TITULO El Perchas y El Cipriano
AÑO 1977-1979
PROTAGONISTAS Sr Aller y Don Alvaro
AUTOR Juan Manuel Orozco

Durante mi estancia en el Infanta no me cabe la menor duda de que aprendí muchas cosas, quizás demasiadas o matizado mejor, muchas antes de tiempo, nunca me cansare de decir que “un día en el Infanta era como siete fuera”, aprendimos de todo, civismo, comportamiento, educación, respeto a los demás, tratar adecuadamente a los mayores……en definitiva, saber estar. También obtuve grandes aprendizajes de cómo sobrevivir a cualquier situación y mil y una maneras de buscarme la vida ante una adversidad como cuando no tenías dinero, tabaco, ropa o incluso tenías hambre, te crecías en esas situaciones y cada vez que salías victorioso, se grababa en tu memoria y la próxima vez solucionarías el problema más rápido, si errabas y no conseguías tu propósito, al menos habías experimentado y aprendido para no utilizar los mismos métodos en el futuro, si la próxima vez se modificaban las situaciones, entonces volvías a adaptarte al entorno, éramos “Camaleónicos”, supervivencia pura y dura.

En cuanto a formación, quizás en aquel momento no te dabas cuenta y no notabas ninguna diferencia con la gente de fuera, pero cuando dejabas el Infanta y veías el nivel del exterior, te preguntabas ¿esta gente donde se ha criado? Y si ya te pones a más a largo plazo y ves hoy en día el nivel de los chavales de bachiller o incluso universitarios y lo comparo con el que yo conseguí en el Infanta a pesar de ser un estudiante más bien normalito, veo una diferencia abismal.

No tengo la menor duda, de que a todo ello contribuyeron un nutrido grupo de personas y que abarca desde los profesores, inspectores, señoras, incluso hasta los pinches alguna vez que otra te daban alguna merecida lección al reprenderte por colarte al coger la merienda o intentar hacerte con algo de comida que no te correspondía, en definitiva, cualquier adulto que tenía contacto con nosotros a la menor oportunidad aprovechaba para enseñarte algo, basta como ejemplo en grado máximo nuestro querido Sr. Puertas, simplemente con que le dijeses de donde eras, te impartía una breve pero completa clase de geografía, nombrando los ríos y afluentes de tu región, las provincias con la que limitaba o las cordilleras y mares que le rodean, quien lo hubiese podido tener de compañero de pupitre en los exámenes de geografía.

Como ya hemos mencionado en alguna que otra historia, algunos de ellos con una mano bastante “suelta” y otros que solo la utilizaban para escribir en la pizarra o firmar las notas sin necesidad de usarla para otros “menesteres” menos “edificantes” que la docencia. Por cierto, durante mi época y por suerte, la gran mayoría eran de este segundo grupo. Cosa que es de agradecer ya que, por aquella época, el pegar tanto a niños como a mujeres era la cosa más normal del mundo, debía venir escrito en el ADN de ambos el estar preparados para “recibir”.

Sin más preámbulos, que me conozco y me salgo por la primera tangente que encuentro, voy a hablaros de dos profesores que tuve durante mi estancia en el Infanta en la época de los setenta y lo que a día de hoy recuerdo de ellos.

Sr. Aller. (Perchas)

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Con el paso de los años, muchas cosas se olvidan o difuminan de tal manera que cuando te las vuelves a cruzar en el largo camino de tu existencia es como si fueran nuevas para ti, otras te dejan tal huella que me temo que hasta que no te venza una de esas enfermedades mentales que vacían el “disco duro” te acompañan durante toda la vida. Una de ellas que no olvidare nunca, tiene que ver con algo que aprendí en el Infanta y es algo tan sencillo como que el “Carbono es tetravalente”. Recuerdo perfectamente la primera clase que tuvimos de química con el famoso “Perchas”, espero que me disculpe (donde este) por continuar llamándole por su mote y por tener solo esa foto en la que en algún momento de arrebato alguien o yo mismo le pintamos un par de “adornos” en la cabeza que he intentado disimular con el recorte de la fotografía. No recuerdo su nombre, sí su apellido, Sr. Aller, también sé que era asturiano como yo, eso ya le daba dos puntos extras para caerme bien.

Por mi época (70´s) corría el probablemente falso rumor, de que había estado trabajando en una fabrica de frigoríficos en Alemania y que era tan malo, tan malo como técnico, que hizo que uno explotase, aun me recuerdo cuando me lo contaron, imaginándomelo vestido con una bata blanca salpicada de hollín por todas partes, los pelos despeinados y con la cara negra como un tizón mirando perplejo un destrozado frigorífico, vamos al puro estilo “Mortadelo” tras un aparatoso accidente, pero lo dicho, era un rumor. El Infanta estaba lleno de rumores, algunos de ellos terminaban por convertirse en leyendas y se trasmitían de año en año a la vez que cada añada se encargaba de “engordar” con más y más detalles.

Creo recordar que el apelativo cariñoso que le poníamos de “perchas”, venía de su manera de estar de pie y su postura, tenía una forma peculiar de elevar o encogerse de hombros, tal que daba la sensación de que llevase una percha puesta debajo de la chaqueta.

Pues bien, como iba diciendo, era la primera clase que teníamos con el, habíamos salido de la EGB y comenzábamos 1 de BUP, era el primer año que existía y aunque cambios físicos pocos había salvo algún cambio de clase, no dejaba de notarse que un ligero caos se apoderaba del ambiente, especialmente porque no tenías un curso precedente al que preguntar, eran de bachiller y nada tenían que ver con el BUP.

Llego el primer día de curso, entro en clase y realizo una breve presentación y a continuación dijo más o menos, “voy a contarles en pocas palabras la base de al menos el 50% de la química moderna y es que… El carbono es tetravalente, quien sabe esto, tiene ya medio curso aprobado. Me cayo bien desde el principio, paisano mío y ya me regalaba medio curso…que buena persona parecía.

En fin, como marketing no estaba mal, pero la aplicación a la realidad después, fue bastante desastrosa. No recuerdo si suspendía sus asignaturas con frecuencia, creo que sí, aunque sin dejarlas para septiembre, no obstante, no guardo mal recuerdo de él y sí que alguna que otra anécdota.

Solía tener la frente totalmente roja ya que sufría continuos vacíos de memoria o lagunas mentales (apariciones como decíamos nosotros), se quedaba mirando para la ventana o para algún sitio de clase (a veces en pleno desarrollo de una explicación), con la mirada perdida y en ocasiones durante un par de interminables minutos, a continuación, pasaba unos segundos frotándose con fruición la frente con las yemas de los dedos hasta dejarla roja, casi como en carne viva, de repente, paraba, se giraba y mirando para nosotros con la frente “incandescente” y con su voz más aflautada de lo habitual, soltaba una pregunta como ¿Qué película pusieron ayer?, ¿Al final el Madrid como quedo? O ¿sabéis a qué hora es el partido? El jolgorio estaba garantizado, pasábamos de una explicación habitualmente tediosa a un momento de desconexión, reflexión y relajación con una “orgasmo” final a la preguntita de turno, con el correspondiente descojone del alumnado.

A partir de determinados años, no solíamos tener muchas incorporaciones a principios del curso, pero siempre había alguna y era todo un poema ver sus caras cuando Vivian por primera vez el mencionado proceso, parecía que estaban queriendo decir “pero en que colegio me han metido a mí”.

En situaciones normales, es decir, sin “apariciones” de por medio, sus clases eran más bien rutinarias, se limitaba a resolver los problemas sin muchas explicaciones e incluso en ocasiones cuando le daba un resultado diferente al libro, era este el que estaba equivocado. Aun así, no lo recuerdo como un hueso, al contrario, con un poco de esfuerzo podías aprobar sin complicaciones, el problema era ese, que había que hacer un poco de esfuerzo.

Otra anécdota que recuerdo de él y que ya en algún otro lado mencione, es la que sucedió cuando por algún motivo que no recuerdo bien o algún comentario realizado en clase, Manuel Armada Santamaría decidió encomendarse en las manos del “Perchas” para que solucionase un problema reciente y es que sus manos, en la zona de los nudillos se habían llenado de verrugas.

¡No te preocupes, eso te lo soluciono yo con nitrato de plata, se te quitaran para toda la vida y no te acordaras de ellas!

Creo recordar que había que diluirlo en agua en determinada proporción o con algún otro elemento químico e impregnar la zona de las verrugas con el preparado y así lo hizo, incluso me parece que no le cayeron, perooooo….. le quemo la piel, le quedo toda la zona tratada como gris con áreas de un rojizo oscuro tirando a negro, un auténtico desastre. No tengo la menor duda, de que estaba mejor con las verrugas originales, sin tunear.

No recuerdo si hubo consecuencias posteriores o si le “compenso” con algún punto extra en algún examen, creo que no ya que Armada era de letras. Lo que si hizo este suceso fue acrecentar su ya de por si dilatada “leyenda negra”.

Don Álvaro (Cipriano)

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No confundamos la amenidad con el cachondeo” era una de las frases típicas de este profesor de inglés que recibió el apodo de un externo rubio, pequeñito y rizoso que por algún motivo nos recordaba a él, por cierto, a mí también se me llamo durante una temporada “Cipri” por el mismo motivo. Fue el sucesor de Don Mario.

No era amigo de dar confianzas, pero según crecíamos alguna que otra vez tomo una copa con nosotros en compañía del “matraco y/o witi”. Fue pionero en apoyar las clases con música, traía un tocadiscos o casete, cuando lo veíamos, respirábamos ya que eran mucho más amenas que las de inglés puro y duro. Algunas de ellas aun puedo cantarlas casi enteras en inglés, por ejemplo, Yesterday, Let it be, Como un puente sobre aguas turbulentas, Hotel California, etc. En esta última, había un texto que decía   “Warm smell of colitas, rising up through the air”, que traducido más o menos viene a ser….”un cálido olor a colitas levantándose por el aire” recuerdo como si fuese hoy la pregunta picara que le hicimos, ¿Qué significa colita”, también recuerdo la respuesta de Alvaro, “no tiene traducción, es algo de picar, como una corteza o similar” o algo similar.

Otra de las características que eran propias de Álvaro, era su facilidad para crear frases compuestas y que no guardaban relación entre si, eran del estilo de:

¿Has visto a mi hermana? No, no la he visto, pero Juan se marcha a vivir a Palencia o

¿Has ido al cine esta tarde? No, no he ido, pero tengo un tío que caza conejos…… y cosas similares.

La verdad, no tenían relación ninguna, pero creaban una expectativa tremenda para ver con qué segunda frase nos deleitaba.

Por lo demás era un profesor bastante serio y si alguna vez soltaba lo que con mucha imaginación podía llegar a interpretarse como un chiste o gracia y nosotros le correspondíamos como era habitual de una forma desproporcionada con una algarabía generalizada donde se camuflaba entre la multitud alguna que otra enorme carcajada o algún improperio, el de forma nerviosa pero firme decía “No confundamos la amenidad con el cachondeo”.

Por lo demás, como profesor de inglés, pues bueno, el típico profesor español con un inglés cargado de acento español y clases aburridas de memorización salvo claro está por el tema de las canciones y algún que otro juego que traía.

Tampoco me parece recordar que me fuese mal con él.

Una filtración de última hora (Infantaleaks) me hace saber que el profesor de Inglés realmente se llamaba Cipriano Álvaro Martin y que por su poco apego al nombre utilizaba el primer apellido (Álvaro) como tal.  Hecho totalmente inútil en el Infanta donde tarde o temprano terminábamos por descubrir de alguna manera los secretos más escondidos de los docentes, inspectores y demás habitantes del colegio.

No retocamos la historia ya que tampoco la distorsiona mucho y estoy seguro que la versión que yo di, para algunos será la que conocían y recordaban antes de esta “filtración”.

Bueno, espero que estos dos recuerdos sobre mis profesores os hagan abrir el baúl de los vuestros y aflore alguna historia que queráis compartir con todos nosotros.

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