Queridos Profesores

Historias e historietas de nuestros queridos profesores, a los que tan malos ratos les hicimos pasar. Pero que siempre los tenemos en el recuerdo.

Gracias.

 EDUCAR…

Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.

Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.

Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.

5 respuestas a Queridos Profesores

  1. Jesus Gonzalez dijo:

    Algunos tenemos dieciséis o diecisiete años de formación. Calculando (por lo bajo) cinco asignaturas por año (hay que tener en cuenta que habrá docentes que “repetirán” en el currículo del alumno), llego a una cifra de unos ochenta profesores por estudiante. Ochenta formadores que han pasado por la vida del estudiante y han contribuido a que el alumno de ayer sea la persona culta de hoy. ¿Cuántos de ellos fueron magníficos, grandes profesores?
    Me pongo a pensar con pesar: si aun con tan escasa cosecha de buenos profesores, hemos alcanzado tan honrado nivel de formación y lucimiento intelectual, ¿qué no habríamos sido capaces de hacer si hubiéramos disfrutado de un número realmente grande de esos buenos profesores? Sería quiméricamente deseable, desde luego, que los centros de formación contasen con mejor material entre su profesorado, ya que entiendo que el número de buenos alumnos corre directamente proporcional al de buenos profesores. Véanse como ejemplo los excelentes docentes y estudiantes con que cuentan determinadas universidades de élite.
    Yo soy de una generación ya madura, así que, siguiendo con mi hilo de pensamiento, si el número de buenos profesores habría aumentado en España. Me parecía lógico esperar que los que se forman hoy en mi país, en una situación política y social muy diferente de la que yo conocí, gozarían de mejores profesores. Los estudiantes de mi generación, sufridores de escasez de buen profesorado, se hubieran convertido en mejores profesores que sus antecesores y estuvieran ya mismo dejando esa huella positiva en el recuerdo de sus alumnos. En el Infanta no conocí a ningún profesor que mereciera una mención especial por su tarea docente, bien al contrario podría relatar algunos rematadamente malos. Teníamos en Ciencias Naturales a un personaje docente, apodado por los alumnos “el Chiva” que era un auténtico esperpento de profesor, temido por algunos alumnos. Algunas veces este personaje era sustituido por un inspector que se llamaba Manuel Álvarez, que resultaba mucho más convincente y ameno en sus exposiciones. Sinceramente considero que la mayoría de los docentes estaban marcados por el signo de los tiempos, de unos tiempos que esperemos no se vuelvan a repetir.
    Manuel Camaró, profesor de francés era un hombre bonachón, con conocimiento y pocas ganas que nos hacía leer en francés un libro que recuerdo y que he vuelto a repasar varias veces “Dr.Knock o el triunfo de la medicina” tiene todas esas aristas. Esta obra la escribió Jules Romains.

  2. Fernando Diaz dijo:

    hola soy Fernando el hijo del maestro de forja Julian me gustaria saber si alguien tiene alguna foto mas donde aparezca mi padre os dejo mi correo electronico yo actualmente vivo en la provincia de toledo pero si alguien de nuestra quinta consigue que nos juntemos unos cuantos contar conmigo un abrazo de antemano para todos

  3. Fausto dijo:

    El Sr. Cascajo

    Dicen las mujeres que todos los hombres somos iguales, tal vez en lo que a ellas concierne, pero lo cierto es que cada persona es única e irrepetible, y el profesor del que voy a escribir no es una excepción.
    D. Manuel Cascajo Rosendo fue “matraco” en el colegio desde al menos 1962 hasta septiembre de 1976 y nos dió clases a los de mi curso en 5º y 6º de bachiller.
    El primer recuerdo que tengo de él es que era una persona de hablar muy parsimonioso y que no se alteraba por nada. Nada más empezar a ser alumnos suyos, tras haber estado cuatro años con D. Joaquín Soto (otro matraco que se merecería un capítulo) el primer recuerdo que tengo de él es que al explicar algo hubo alguien que no se enteró y le dijo si podía repetir, a lo que el respondió: “No me hagan repetir, si quieren que les repitan se compran un loro, y él se lo repetirá cuantas veces quieran”.
    Esa frase llegó a oidos del director (Sr Carrascosa) y me imagino que tuvieron una conversación en privado y en otra ocasión al estar explicando dijo “Aquí se usa el método de Pedro Machaca, ¿saben ustedes en que consiste?” . Al decir nosotros que no, nos dijo que en repetir hasta que todo el mundo se entere.
    En otra ocasión, estando un compañero borrando la pizarra, ésta se soltó de su anclaje y cayó al suelo (imaginaos el estruendo), él ni se inmutó y solo dijo ” Vaya, se ha caido la pizarra”.
    La mejor de todas fue una vez que estaba explicando y se oye un grito de atrás de Cerredelo “No oigo nada”, a lo que el profesor dice “Pues cómprese una trompetilla”,imaginaros las risas. Un rato mas tarde él hizo una pregunta a la clase y respondió Cerredelo con una voz tan baja que casi no se le oiría estando al lado y el Sr Cascajjo dijo: ” Vaya, hombre, ahora el que necesita la trompetilla soy yo”
    Lo último que voy a contar nos muestra el sentido de la dignidad que tenía este hombre. Un día estando en clase llegó D. Manuel Carrascosa para ver como trabajaba y le miró en la libreta de anotaciones que tenía y que el que haya sido alumno suyo recordará (tamaño octavilla) y como D. Manuel no tenía la vista como punto fuerte, le dijo que eso era una mierda (no recuerdo exactamente porque no fue en mi clase) y el Sr. Cascajo le dijo “Mira Manolo, no te consiento que me digas eso delante de mis alumnos” y no sé si a continuación le dijo que al acabar el curso se iba o si eso fue en privado, pero lo que sí sé es que de nada le valieron a D. Manuel las disculpas y ruegos para que siguiese porque cumplió su palabra. Siguió dando clase hasta fin de curso e incluso nos dió clases de preparación para la reválida en septiembre a los que nos la cargaron en junio. Recuerdo que su última frase el día antes del examen fue: “Que tengan suerte, que buena falta les hace”

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