1970-1980 – 50 sombras de Grey en el Infanta

TITULO 50 sombras de Grey en el Infanta
AÑO 1970-1980
PROTAGONISTAS Todos
AUTOR Juan Manuel Orozco

El sexo en el Infanta, ¡uffff! Que tema tan peliagudo, hasta ahora, no le hemos “metido mano” quizás por lo complejo del mismo y nos hemos limitado a tocarlo de pasada o comentar alguna palabra del diccionario. Historias del Infanta, no sería fiel reflejo de lo que sucedió en Infanta si el sexo no tuviese su particular anécdota o relato histórico.

El tema es muy difícil y más teniendo en cuenta la época en la que nos tocó estar allí, yo estuve en los años 70. Supongo que para los antecesores seria aún más complejo y para los predecesores, más sencillo, pero delicado de cualquier manera. Lo complejo de mi quinta es que nos cogió en medio el año 75, la muerte de Franco, esta marcó un antes y un después en todo y por supuesto en la vida sexual de los españolitos y como no, en la de los huérfanos. Además de todos los cambios políticos que acontecieron, pasamos de la mojigatería sexual a revistas y películas con desnudos por todos los lados, de misa obligatoria con su correspondiente confesión a la libertad de asistir o no.

La mayoría de nosotros procedíamos de sitios que estábamos bastante más atrasados que la gran capital de España, pero con diferencia, como por ejemplo mi querido Oviedo, donde en el colegio todas las mañanas se cantaba el “cara al sol” y los sábados, “montañas nevadas” con ello quiero poneros en situación y que proyectéis que tipo de formación podríamos tener en lo referente a lo espiritual o religioso, tengo grabadas en mi mente los vecinos juntándose para rezar el rosario y su cantinela “ora pro nobis”. Prácticamente debían querer que todos llegásemos a Santos.

Todo lo referente al sexo era tabú, de represora sexual podría calificarse aquella época, con una educación sexual que no existía ni en el colegio, ni en casa, por lo que tocaba aprender por si solo y cuando uno aprende por sí mismo, ¡malo!, suele cometer muchos errores. Haciendo memoria, ahora me viene a la mente la única clase o charla que mantuve respecto al sexo, tras algún comentario por el barrio de que los niños salían por la vagina y no era la cigüeña quien los traía, subí todo indignado a preguntarle a mi madre, estaba fregando los platos y a mi requerimiento…¡Mama! Dime la verdad, ¿de dónde salen los niños?, un poco avergonzada y con la maño llena de jabón hizo un gesto señalando para las ingles a la vez que movía la cabeza en sentido afirmativo. Para mí, fue un trauma, los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez y ahora esto, los adultos no decían una verdad.

Yo estuve en el Infanta desde los 11 hasta los 17 años, voy a hacer este relato atemporal y en primera persona aunque realmente sea impersonal, combinare recuerdos propios y otros ajenos que supongo fueron así, entre otras cosas porque se mezcla lo vivido en Oviedo y Madrid y porque de este tema, no era algo que se comentase mucho, al menos antes de los 15/16 años, cuando uno empezaba a poner imaginarias muescas en el Colt 45 y si no se contaban, no servían para nada.

PREMISAS

Pero antes de comenzar, quiero dejar claros unos puntos que deben tenerse en cuenta durante todo el relato:

  1. Este relato tiene partes reales de mi estancia en el Infanta y otras imaginarias y que presumo pasaron así.
  2. Este relato es 3R (mayores de 18 años con reparos) ya que puede contener narraciones de sexo explícito aunque solo sean de “amor propio”.
  3. Me gustaría que se viese este relato con los ojos de aquellos años y en aquella época que vivimos. Años en los que muchas veces se pensaba más con el cerebro inferior que con el superior.
  4. Recordar que hubo un tiempo en que el apéndice que hoy pasa todo el día mirando al suelo, no lo veía ni por casualidad. Que cuando te levantabas e ibas a lavarte, podías llevar la toalla y el neceser sin usar las manos y que solo podías orinar en los servicios de pared y después de ejercer una presión considerable y hacia abajo con las dos manos, si lo intentabas en los baños de sentarse (estando de pie o sentado), podías regar todos los alrededores y no mear ni una gota dentro.

ANTECEDENTES

Realmente lo que podríamos denominar mis primeras experiencias sexuales, bueno diría más bien contactos con chicas, fueron en Oviedo y a una edad temprana (seis años), los típicos médicos y enfermeras y poco más, supongo que como la mayoría de nosotros, después vino el rechazo por ellas, las solíamos evitar y apartábamos de nuestros juegos y si encima tenías una hermana, procurabas que se apartase de las maquinaciones de los chicos a pesar de sus protestas y reclamaciones a tu madre porque no la dejabas jugar en tu grupo.

En Madrid, era otra cosa, bien porque las hormonas ya estaban comenzando a hacer su trabajo o bien porque veíamos a los mayores echar unas miradas a las chicas que eran todo un poema, no sabíamos bien que significaban, era algo desconocido para nosotros, la lujuria y el deseo se reflejaban en los rostros de los huérfanos. Por otro lado, no hay nada mejor que te quiten o priven de ver algo o a alguien para que lo eches de menos, y en el Infanta, chicas, pocas. En resumen, si los mayores las piropeaban y hablaban de ellas, algo tenían que tener bueno. Nosotros a seguirles la corriente y al ver pasar una chica decir “mira que buenorra está” o “que maciza” cuando realmente no sabíamos si eso quería decir que estaba bien de salud o su constitución era como una pelota de frontón, respectivamente.

Es complicado definir cuándo empieza a aparecer en la vida de un huérfano el sexo, en el Infanta, parecía que pasar de un curso a otro te obligaba a saber ya de determinados asuntos por ciencia infusa, pero los pequeños, además de no tener casi derechos, no se enteraban de nada, todo dependía de la picardía, de la imaginación y la curiosidad que tenías y especialmente que el Infanta te iba arrastrando, te obligaba a aprender a marchas forzadas.

Si pasabas al lado de algún mayor y les escuchabas decir, “vámonos, que fulanito tarda mucho, debe estar haciéndose un pajote” tú te quedabas con el mensaje y lo analizabas,……. coño, no entendías nada, ¿Qué será un pajote? Pero en ese instante, pasaba un mosquito volando y tú corriendo a ver si lo matabas, teníamos la memoria del pez. Tal vez, días después, estando sentado debajo de las palmeras, cogías una hierba seca (paja) le dabas una y otra vuelta, la mirabas fijamente como esperando respuestas y volvía a ti la frase “estar haciéndose un pajote”, te preguntabas ¿Cómo coño se hará un pajote? ¿Se hará con esto? ¿Para que servirá? ¿Cuándo yo llegue tarde a algún sitio podre ponerlo como escusa?

El Infanta también te enseñaba que había que ser cauto, mimetizarse con el entorno era una forma de no sobresalir, quien no sobresale, se protege entre la masa, esa cautela te llevaba a veces a la ignorancia, pero valía la pena ser un ignorante anónimo que hacer ver a los ojos de todos que lo eras. Me explico, en situaciones similares, ante una palabra que su significado se daba sabido por todo el mundo, si alguien osaba preguntar ¿eso qué es? El escarnio y mofa eran generales incluso por los que tampoco lo sabían pero seguían el juego descrito, a veces estos eran descubiertos por ser malos actores. Un ejemplo claro, yo me pase toda mi época del Infanta protestando cuando me pitaban un fuera de juego o mis compañeros me decían que me saliese de él, como coño me iba a salir del fuera de juego si debí saber lo que significaba a los 30 años, pero eso sí, podrían echarme en cara que estaba siempre en fuera de juego, pero nadie se burló de mi por no saber lo que significaba. ¡Con lo fácil que hubiese sido preguntarlo! Cuanto habríamos aprendido siendo un poco menos orgullosos o menos vergonzosos.

EL PRIMER CONTACTO

Poco a poco ibas atando cabos y al final descubrías parte del significado, el resto lo ponía tu imaginación, ahora solo faltaba saber cómo se hacía, localizar el manual de instrucciones. Esto normalmente venia de manos de la casualidad, mismamente un cruce de piernas con un pantalón apretado en ocasiones te daba un gustirrinin extraño o bien por toqueteos inicialmente involuntarios en las duchas o la cama o simplemente mientras la colocabas en el pantalón porque estaba aumentado de tamaño sin control, también las poluciones nocturnas tenían su participación, te marcaban la senda a seguir o bien por accidente o casualidad como me sucedió a mí……….. me encontraba aburrido viendo como jugaban en las canchas de baloncesto, yo siempre fui muy ágil y me gustaba subirme por todos los sitios, aquella canasta no podía ser menos, era de una sola pieza de tubo de unos 300 o 350 mm de diámetro, comencé abrazándome a ella y “esguilando” (como se dice en Oviedo a subir por algo) comencé a trepar, pero la leche, de repente el roce de mis partes pudendas con la canasta empezó a darme una sensación tan extraña como placentera, oía como alguien me llamaba, pero no prestaba atención a nadie, estábamos la canasta, mi querida canasta y yo, hasta que me entro como una sensación muy extraña un tembleque, un baile de San Vito que me dejo sin fuerzas para mantener el abrazo y fui cayendo poco a poco.

Que sensación nueva era esa, muy placentera pero extraña, ¿Qué seria eso? Creo que en esta ocasión no hubo disparos de artillería, menos mal, demasiadas sorpresas para un mismo día. Al bajarme creo recordar que alguien se dio cuenta de lo que paso, me removió los pelos y me dijo ¿Te gusto? Yo no conteste, parecía que las cosas a mi alrededor sucedían de una manera extraña, ¿Cuándo caería sobre mí el rayo atronador y justiciero?. Desde ese suceso, miraba a aquella canasta de otra manera, con cierta picardía y complicidad entre los dos, teníamos un secreto un bonito secreto. Alguna vez más creo que lo intente, pero sin el mismo resultado, las cosas a veces vienen sin prepararlas y si las preparas no vienen, el Infanta siempre dando lecciones de vida. Poco a poco aquella “relación” se fue diluyendo, se nos acabó el amor y no precisamente de usarlo.

En ocasiones también te despertabas sudando, medio jadeando y moviéndote desacompasadamente, no sabías que te pasaba, pero no querías que se terminase y apretabas los ojos para volver a dormirte. Era algo que al menos al principio no comentarías con nadie. Tampoco era una cosa para ir publicando por ahí, ¿Sería malo? ¿Sería pecado? Seguro que sí, las cosas buenas solían estar prohibidas y esta era buena pero que muy buena. En menudos líos me estaba metiendo el mi “pizarrín”

EL DESCUBRIMIENTO

Independientemente de los roces con canastas de baloncesto o poluciones nocturnas, el verdadero momento de la iniciación al sexo en el Infanta comienza cuando de manera consciente comenzamos a investigar sobre nuestro cuerpo, no importaban las maldiciones que caerían sobre nosotros, los pecados mortales que íbamos a cometer, nosotros estábamos en misión científica, ¿Qué puede ser más instructivo que la exploración del cuerpo humano?. Quedaba lo fácil, sabias donde estaba lo que había que manipular, intuías como sería el resultado final, ahora un poco de imaginación y al lio.

EL AMOR PROPIO

Ya estaba, por fin ya sabias lo que era hacerte un pajote, te llevaste otro susto al ver salir cuan misil nuclear una especie de líquido de color blanco y muy espeso que se quedó pegado a los azulejos del baño, debía ser lo que se denominaba en Madrid “lefa” y en tu Asturias natal, “lechaza”, ¡Joder! Habrá que limpiarlo. Al menos el WC era más “higiénico” que en la cama, esta última llamaba mucho la atención, demasiados muelles y mucho movimiento, además los misiles quedaban impregnados por todos los lados, cuando las llevabas a Don Jesus, se apreciaban gran cantidad de lamparones, si uno del CSI investigase una sábana de un huérfano, podría encontrar de todo, desde restos de bocata de Kinito, barro del patio central, arena de las pistas de tenis, cloro de la piscina, hojas de morera o cualquier resto orgánico.

En el WC, estabas encerrado y salvo que tenías que contestar cuando la gente picaba para ver si estaba ocupado, tenías tranquilidad absoluta.

Era importante a la hora de responder simular un poco la voz, si se detectaba que estabas en la faena, la noticia podía correr como la pólvora y si conocían tu voz, podían enrollarse contigo ¿Qué vas a hacer luego? ¿Tienes tabaco?….coño, dejarme terminar en paz…….no se podía estar dándole al manubrio y hablar de que película podíamos ir a ver.

Aunque en aquella época no lo necesitábamos, si había oportunidad nos acompañaba alguna revista de chicas, estilo Interviú, era bonito que te mirasen a los ojos mientras culminabas, te daba la sensación de compañía.

El baño también tenía sus pegas, independientemente de que el estado de limpieza influía mucho en tu decisión de ejecutar una “alemanita”, había otros dilemas. De estar allí sentado, te entraban ganas de otras necesidades fisiológicas, había que analizar cuál era prioritaria y elegir. La mejor opción, evacuar primero, si lo hacías a la inversa y lo evacuado no había sido lo suficientemente consistente y teniendo en cuenta que los papeles (o sucedáneos) de aquella época, eran cuando menos poco efectivos, con el ejercicio ejecutado y si hacia un poco de calor, corrías el riesgo de quedar con el culo como un cuadro impresionista y que posteriormente reflejarías en los calzoncillos. En definitiva, había muchos parámetros a analizar, temperatura, cantidad de papel, ganas de uno o de lo otro….etc. También había que tener en cuenta que en aquellas edades, las cosas surgían por nada, estabas sentado en la taza tranquilamente devolviendo a la naturaleza lo que era suyo cuando de repente cuan periscopio de submarino veías asomar la cabeza de tu miembro más mimado, no sabías si salía a respirar por los gases que se debían estar acumulando o es que ya conocía el sitio y estaba pidiendo a voces su tiempo. Si la necesidad de descarga te venia en la familia, especialmente si habitabas de las más cercanas a la puerta de salida y tenías que desplazarte hasta la numero 9, era complejo sobre todo si estabas en pijama, solías colocar una revista o papel de forma estratégica para tapar la prominencia que te delataba que cuando menos, ibas a algo más que a jiñar.

Frecuencia, hoy esta palabra nos resulta casi ofensiva, “frecuencia la que se puede y nos dejan”, en aquella época era simplemente un número a batir, que el sábado estaba aburrido y no tenías muchos planes, pues a quererte tú mismo una, dos, tres y en días pletóricos hasta cinco o seis veces, eso sí, después el “palo de fuego” debía quedar en reposo una temporada e incluso con cremita hidratante por tanta rozadura y desgaste. Esos días, los remordimientos eran mayúsculos (al principio) ya que había un momento, que la pistola no disparaba más soldaditos…….¿Me quedare ciego o se me secara el cerebro?

EL HUERFANO Y LAS CHICAS

Si lo contado hasta ahora fue delicado, esto lo es más, no por nada en especial, sino porque como en botica en el Infanta había de todo, unos no contaban nada sobre sus ligues, otros como en el parchís, comían una y contaban 20 y el resto (los menos) eran fieles a la realidad de los hechos.

Como era lógico, el primer punto de contacto solía ser a través de los externos, era una buena ayuda que teníamos y se les pagaba con más integración en clase y menos putadas.

Ya he mencionado en otros escritos, las 3 hijas del Sargento Molero (El Funes) la mayor, era maja para charlar pero no era nada del otro mundo o quizás la veíamos mayor para nosotros,a la pequeña aun le faltaban curvas, pero la del medio, “La Rubia”, causaba estragos cuando pasaba por las ventanas de clase, cuando llegaban al cine y hacían el “paseíllo triunfal” de entrada. Estoy seguro que muchas operaciones de “cinco contra uno” se realizaron a “su salud”. También había otra chica, la hija del (no recuerdo el cargo que tenía) de la imprenta, hermana de Santos, aunque esa era más bien para los del curso anterior al nuestro, Tolosa, salió con ella hasta su expulsión por el tema de los anónimos por la muerte de Abulleiro. Además de las señoras. La Señora Puertas y alguna limpiadora, esta era la representación femenina que teníamos, había que buscarse la vida fuera de los muros.

Lo más típico de aquella época, era ligar en las discotecas, Osiris (I y II), Cerebro o Macumba, eran los locales frecuentados por los huérfanos, aunque con frecuencia, la enorme sed que arrastrábamos y el garrafón que te nos metían, frustraban cualquier intento de ligue que pudiese haber o si lo había, no lo recordabas. No obstante había excepciones y volvías a quedar para el día siguiente o el próximo viernes, pero claro, estabas condicionado por la pasta, en ocasiones te tenías que empufar para ello. El parque Berlín también funcionaba como zona de ligue, era quizás para los que no podían pasar a las discotecas o para los que estaban sin blanca, también era más difícil ya que atacabas en grupo y a otro grupo, normalmente había siempre uno que las espantaba con alguna burrada o insulto similar a “a mí que no me toque la vacaburra” , normalmente el que lo decía, era el más tenía que callar. Los bares, congregaciones religiosas, mítines políticos, cuestaciones de la Cruz Roja y situaciones similares, también eran sitios propicios para “lanzar el picao” . Para el pavoneo previo al cortejo, tocaba maquearse, si tenías ropa guapa propia, bien, sino a pedirla o cambiarla con otros, el caso era salir hecho un “pincel” y a por todas. Recuerdo que una de mis primeras experiencias con chicas, no sabía muy bien cómo actuar, pero la lógica se imponía, si a mí frotando me ponía a mil, lo mismo a ella, sin saber muy bien a que altura o más bien bajura de la bragueta debía hacer las frotaciones, comencé a sacarle brillo al pantalón, surtió efecto, supongo que más por el ardor de los años que por lo efectivo de mi “masaje”, pero al salir del cine el pantalón había perdido mucho color por aquella zona y mi mano estaba totalmente azulada.  Bueno no voy a profundizar más en este tema, que el que más y el que menos tenemos muchas historias de ligues en el Infanta y serán más o menos parecidas.

LAS CONSECUENCIAS

Por aquella época, era muy común que los cristianos practicantes (que éramos el 99,99%) tuviésemos un gran sentido de culpabilidad cuando cometíamos algún pecado, el sexo, era pecado, pecado de los gordos, lo era de pensamiento, de obra u de omisión. Después y dependiendo del cura que te tocase, hacer determinadas cosas podía llevarte a la ceguera o a que se te secase el cerebro, incluso algunos decían que se te secaba la medula espinal. Hubo ocasiones, en la que pensé que Don Manuel Carrascosa, había tenido que ……, ya que no veía un pimiento.

Recuerdo como el Padre Almellones, nos repetía una y otra vez que si durante la ducha, a la hora de limpiar el aparato veíamos que empezaba a animarse o cobrar vida propia (el 99,99% de las veces) lo dejásemos y pasásemos a otra cosa o diésemos más agua fría, de hacerle caso, muchas pichas no habrían visto el jabón en la vida.

El tener que ir a contarle a Don Esteban lo que habías hecho era un trauma, entre los escupitajos que emitía, la bronca que te daba y una penitencia excesiva, eran un caldo de cultivo para ir poco a poco introduciéndote en la mentira o en el pasotismo confesional. También ayudaba que no veías que existían repercusiones celestiales, seguías viendo bien, rayos no te caían encima…..si ibas a tener que pagar en el más allá, ya pagarías, de momento ¡A disfrutar que es gratis!.

En ocasiones, cuando se preveía avalancha de confesiones, venían otros curas que tenían otra forma de ver las cosas, te facilitaban la confesión haciéndote preguntas, ¿Te has tocado? ¿Tu solo? ¿Dónde? ……era mucho más sencillo decir “Si” que decirle “Me he tocado o me he hecho una paja” ¡Ay, si Torrente existiese en aquella época, de que apuros nos hubiese sacado! “Padre, me confieso de haberme hecho unas pajillas”. Como también te ponían poca penitencia, corría la noticia como la pólvora y enseguida había cola para confesarse. Hoy con el aprendizaje que da la vida, no sé si sería por ayudarnos o algún tipo de depravación por parte de ellos, bueno dejémoslo, si era esto segundo, yo no tengo recuerdos de que fuese más que eso.

Poco a poco te llenaban más los placeres de la carne que las satisfacciones espirituales. El dejar de ser obligatorio ir a misa, no tener que confesarte para comulgar y no tener que dar explicaciones a Don Esteban a la vez que en los quioscos se amontonaban muchas revistas eróticas, los cines abaratados de películas de “destape”, hizo que aquella época se convirtiese en un polvorín. No era de extrañar que alguien que no corría jugando a futbol o su esfuerzo no fuese suficiente en la práctica de cualquier deporte o la hora de saltar el potro se lo comiese, fuese juzgado de la siguiente guisa: “Si es que se mata a pajas”.

LEYENDAS Y PERVERSION

El Infanta, tampoco sería Infanta si no tuviésemos alguna leyenda o durante nuestra estancia no fuésemos testigos de algún malintencionado rumor. Ahora me vienen a la memoria las siguientes:

Bromuro, corría el comentario general que en las natillas echaban bromuro para que no estuviésemos todo el día verracos, había algunos que preferían pasar de comerlas, por lo que otros nos poníamos las botas. Si realmente tenían bromuro, creo que hacían bien en echarlo, pues si echándolo estábamos como estábamos, si no lo echaban, seguro que más de uno andaría amorrandose a los árboles.

Plátano, esto era para nuestras hermanas del Juncarejo. Siempre que teníamos plátano de postre, o en algunas conversaciones picantes, alguien mencionaba que a las huérfanas se lo daban en rodajas……se dejaba un silencio a la vez que se miraba para la ingle, dándolo a entender todo. Nunca lo llegamos a confirmar, tampoco necesito hacerlo ahora. Espero de corazón que nuestras hermanas no se molesten por la mente calenturienta que teníamos en aquella época.

Puertas, WC. Las chicas del Juncarejo estaban lejos y las veíamos poco, pero las teníamos muy presentes y las hacíamos participes de nuestras fantasías. Se rumoreaba también, que las monjas habían mandado quitar las puertas de los WC de los patios, el motivo extraoficial era para evitar que las chichas disfrutasen de su cuerpo. Con motivo de una actuación de la Tuna en Juncarejo, recuerdo que fuimos a ver esos aseos para comprobarlo, pero sinceramente no recuerdo verlos sin puertas. Lo que si se, es que se apagó la luz durante la actuación y Navarro el pandereta grito “me están metiendo mano”, a la que otros cuantos dijimos “ y a mi también y a mi también” pero me temo que lo nuestro fue más deseo por nuestra parte que realidad.

Señoras, antes de nada, lo siento si de aquella detectaron algo, se sintieron incomodas o incluso aun si no se enteraron de nada o si hoy alguien se siente molesto, pero esto sucedió así.

Las mesas del comedor estaban colocadas de manera oblicua para facilitar tanto la colocación de las perolas y placas como la retirada de los platos. Momento en que las señoras (de menor estatura que los pinches) se aproximaban a la mesa lo máximo posible para poder recoger el primer plato o el segundo, al hacerlo, unas lo hacían de un lado otras de otro, otras tenían talla suficiente y no necesitaban aproximarse tanto, pero otras, especialmente una tenía la costumbre de arrimarse al pico de la mesa que coincidía con sus ingles. Ya estaba liada, caldo de cultivo para la calenturienta imaginación de los huérfanos y para buscar nuevas emociones, cuando recogía por tu lado, tenías que poner los codos sobre la mesa, de tal forma que coincidiese con el pico, después a esperar. Si lo mantenías mientras recogía, era lo máximo, “cuenta, cuenta, ¿Qué sentiste?” “Todo, lo toque todo”, ya podéis imaginar, calentura total, la pobre señora llevaba un mandil de esos estilo hule que cualquier posibilidad de tacto con el queda descartado, pero el riesgo de colocar el codo, el ver que los otros mirábamos mientras recogía, tenían un extra de adrenalina que nos ponía cardiacos a todos. Insisto, mi máximo respeto por estas mujeres que solo nos dieron cariño en todos los momentos.

La mujer del Parque Berlín, corría el rumor de que había una mujer mayor (en aquella época, más de 30 años era ya mayor) que en las tardes de los sábados merodeaba por el Parque Berlín en busca de jóvenes fogosos para saciar su hambre de macho, además, solía recompensarles con algo de comida y dinero contante y sonante. Recuerdo que fuimos unas cuantas veces expresamente a ver si éramos seleccionados por tan lujuriosa dama, pero o bien no éramos su tipo u otros habían ido antes que nosotros.

Mujer embarazada duchándose, la familia nº 9 (WC) tenían algunos baños con ventana y estos daban para unas casas, era la zona más próxima del Infanta a cualquier edificio colindante, no llegaría a los 25 metros. Algunos aireaban la zona antes de volver a contaminarla o se fumaban un cigarrillo en las noches agradables, el caso es que alguien dijo que había visto a una joven embarazada darse una ducha con la ventana abierta y que se le veía de todo.   Ya la liamos, si era difícil a veces encontrar un baño para hacer tus cosas, durante una temporada hubiese sido necesario poner un rollo de esos de los números de los supermercados, todo el mundo quería mirar un rato. No sé si es que la chica no se volvió a duchar o lo hizo a ventana cerrada pero la cosa se fue enfriando y volviendo por fin los WC a su “normalidad”

Grey1

Bueno, esto es básicamente lo que recuerdo de nuestro aprendizaje en el sexo en el Infanta, por supuesto que quedan muchas cosas por contar pero por hoy, ya está bien.

 

P.D. Un comentario al margen del relato, en la reunión del último noviembre, comentaba Pablo Rodero la enorme distancia que se podía alcanzar en nuestra juventud cuando los “misiles blancos del amor propio” eran expulsados de nuestro cuerpo y que sin embargo hoy en día tienes que sacudírtelos la mano ejecutora.

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2 respuestas a 1970-1980 – 50 sombras de Grey en el Infanta

  1. Blas Perez Martinezm dijo:

    En mis años de estancia en el Infanta,Dom Manuel Carrascosa hera director del colejio
    Y el cura mera Don Esteban.

  2. Luis Apesteguia dijo:

    Me admira el poder de recordar anécdotas, aunque en este caso parece más un informe de la sexualidad en el Infanta, estoy seguro que hay anécdotas concretas, tal vez un poco escatologicas para contar en estas paginas, no obstante me alegra saber que los soportes de las canastas de Baloncesto tenían otra utilidad……., como ya creo le dije en su día a Orozco no encontré un soporte igual en ninguno de los campos en donde jugué, tal vez ya la pusieron con cierto objetivo, je, je, je, aparte de mover dicha canasta cuando tiraban los contrarios.
    En todo caso Orozco, mi enhorabuena por tu prosa.

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