1963 – Y de cena, algo ligero

TITULO Y de cena, algo ligero
AÑO 1963
PROTAGONISTAS La escuadra Prodigiosa
AUTOR Benito López Andrada

Ya hemos comentado en repetidas ocasiones que la vida de los colegiales se centraba en un porcentaje muy importante entorno a la comida, quizás la escasez de unas épocas contrastan con una buena alimentación a la vez que equilibrada de otras, pero independientemente cual te tocase vivir, el huérfano estaba siempre cual depredador al acecho a la espera de una presa que le saciarse y permitiese tener reservas para épocas de “hambruna”.

Por supuesto que la edad era un factor contribuyente, ¿Qué chaval de 15 años no tiene hambre a todas horas? Especialmente si las formas de entretenimiento eran en su mayoría de desgaste físico no de sofá y silla con televisión y PC, consola o móvil.

Si a todo esto añadimos que allí no teníamos una nevera que pudieses asaltar cuando se te antojase o simplemente pedir un bocata y que este se hiciese como por “arte de magia” como cuando estábamos en casa.

Recuerdo como el inspector Gaspar al comienzo de un plantón nos quería coaccionar a fin de confesar o delatar al culpable de alguna “fechoría” con la siguiente frase “cuando lleguen la 01:00 de la madrugada y el estómago vacío comience vociferar y no podáis aguantar el dolor, veréis lo que es bueno

También hemos publicado en estas páginas algunos ejemplos de cartas enviadas por mí a mi madre en los años 70 en las que siempre estaba presente algún tema relacionado con la “manduca”. Que había comido, que me quedaba de “reservas alimentarias” o que tenía pensado comerme cuando fuese a casa de vacaciones, eran los comentarios habituales de mis cartas.

La publicación en Facebook de esta viñeta con motivo de la proximidad del encuentro anual que celebramos en 2015, dio pie a que Benito nos contase por la misma vía la anécdota que a continuación publicamos con algún retoque (mínimo) y la inclusión de alguna fotografía para darle un poco de “color”.

Una vez lo leáis, veréis que mi viñeta no era exagerada y que esta anécdota no hace más que corroborar la misma e incluso yo diría que confirma que me quede corto. Bueno, lo de las natillas y el bromuro a nuestros años no deja de ser lo que podríamos denominar “una licencia poética”, pero que nadie dude que existió un día que………..me disperso como siempre, eso es otra historia.

Y de cena, algo ligero1.

Benito López Andrada, escribió…… Os voy a contar una anécdota que refuerza lo de encargar comida para 600 cuando solo vamos a ir 150 huerfanitos.

Era la semana Santa del año 1963, como algunos ya sabéis, a mí me iba lo de la “OJE” y el “Frente de Juventudes”, de hecho, hice el curso de Jefe de Centuria en el campamento de Covaleda (Soria) el verano de ese mismo año. Pues bien…. me ofrecieron seis plazas para ir a Ciudad Real, al Colegio Menor “El Doncel” desde el martes o el miércoles hasta el domingo de Semana Santa.

Y de cena, algo ligero2.

Ni corto ni perezoso me pongo a buscar a “cinco camaradas, huerfanitos del Infanta” algunos afines a la causa y otros que por ser muy claros digamos que “ni puto caso”…., pero que con el afán de salir del colegio una temporadita y sobre todo “a gastos pagos” ¡joder! cualquiera no se apuntaba…! Al final fuimos del colegio una escuadra de SEIS, junto a otras centurias de Madrid y otras provincias.

Fuimos en tren y uniformados como pudimos, de mala manera pero “uniformados” al fin y al cabo (era condición indispensable). Al final lo hicimos con ropa que nos ofrecieron… ya sabéis en la “intendencia del infanta”, procedente sabe Dios de que época, posiblemente anteriores a la II república…… creo yo.

Los seis sujetos o individuos (llámese “piezas” o como se quieran denominar) éramos los siguientes:

  • Barroso Lanza.
  • Rodríguez Gil.
  • Ejea López.
  • Garrido Borrajo.
  • Cesar
  • Y servidor, Benito López Andrada.

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Pasamos cuatro días inolvidables, cuyas anécdotas comentaré en otras ocasiones, ahora solo recordare la de la cena del primer día que llegamos al albergue………historia pura.

Nos ponen juntos a los seis huérfanos, o menor dicho, nos colocamos nosotros juntitos y separados del resto y nos sirven unas señoras las perolas del primer plato de la cena. Creo que eran lentejas o judías…. ¡QUE IMPORTABA, NOS DABA LO MISMO! desaparecieron nada más llegar cuando aún no habían terminado de poner el resto de las perolas en todas las mesas. Al ver las señoras la limpieza reluciente, tanto de nuestros platos como de la perola correspondiente, nos dijeron que si queríamos más…… ¿Sabéis cual fue nuestra respuesta? de manera tímida, eso sí, pero bien clara y unánime, dijimos, ¡SI, COMO NO! y así creo que hasta “seis perolas”, es decir, una por cabeza…. creo recordar que cuando el resto de comensales y alberguistas ya iban por el segundo plato o por el postre…. la ESCUADRA GENUINA , representante del Infanta, aun estábamos comiendo el primero plato, con gran asombro y estupor de propios y extraños, bueno, más bien de extraños…. Todos comimos, repetimos, no nos saciábamos nunca, pero el que ganó y se llevó el récord de los seis fue el gran Manuel Garrido Borrajo.

Y eso fue lo que ocurrió la primera noche…, nada más llegar, dejando claro quienes éramos…. los comentarios y anécdotas de lo que pasó el resto de los días, lo dejo para otro momento. Un abrazo para todos.

Benito López Andrada

Nota de Juan M. Orozco. Con permiso de Benito, dedico la publicación de esta historia a nuestro querido jefe de cocina, Vizcaíno

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