1961- El Biscuter de Don Teodoro

TITULO El Biscuter de Don Teodoro
AÑO 1961
PROTAGONISTAS Santiago Valladares
AUTOR Santiago Valladares

1ª PARTE

Don Teodoro, maestro nacional, profesor en el Infanta, que en los años 50 y 60 daba clases en primaria. La crueldad infantil de la época, ayudada por algunas personas mayores, señalaba y denominaba a su clase como el “TONTODROMO DE DON TEODORO”.

Sin el Biscuter no sería posible describir los años cincuenta en España dada su popularidad ya que significó el acceso del españolito a un vehículo de cuatro ruedas. Costaba unas 25.000,- Ptas. “sólo” representaban el sueldo de 3 años y en esta época para adquirir un caro vehículo importado se necesitaban casi las 100.000,- Ptas., lo que significaba el sueldo aproximado de unos 10/12 años.

biscuter1

Don Teodoro, sin duda hombre pudiente, tenía un Biscuter. Todo un cochazo, sí señor.   ¡Vaya coche Don Teodoro! ¿Qué tal el Biscuter, Don Teodoro? , le decían. Sin duda hacia feliz a la gente, porque se reían mucho. Como celoso vigilante de su apreciado y admirado tesoro lo guardaba en lugar seguro, alejado del “barrio”, que en aquellos tiempos ya debía de estar saturado de coches y ser zona de preocupante inseguridad ciudadana. Lo guardaba en el Infanta, bajo el techo del garaje donde se guardaban el autobús (un Nazar ) y un camión. También guardaban alguna moto (Vespa o Lambretta).

biscuter2Aquello era mucho. Muchas facilidades daban quienes invadían nuestro territorio

“Cuatro inquietos e intrépidos aventureros”, tendrían unos 13 años, (buenos estudiantes, de los que lo aprobaban todo en Junio, con buenas notas) vieron la oportunidad de ampliar y explorar nuevos horizontes. Así, a la hora tonta, después de comer cuando no había ningún vigilante, (les llamaban inspectores) se dirigían al garaje y mientras uno se quedaba en la puerta para dar el “queo”, los demás tomaban posesión del Biscuter que se encontraba en sus dominios y se lo pasaban como no os podéis ni imaginar. Vueltas y más vueltas por el interior del garaje, turnándose con el de la puerta. ¡ Ahora tú !, ¡ ahora yo !, ¡ que me toca a mí !.

Un día y otro día. A veces la gasolina se agotaba. Bueno, entonces uno empujaba y los otros conducían, repartiéndose las tareas de piloto y del que frenaba. Don Teodoro se quejaba de que gastaba mucho y por eso lo sacaba poco, sólo los domingos.

Pero un día, un fatídico día, apareció por allí un intruso, el individuo que tambiénde papo” guardaba su moto en el garaje (la Vespa o Lambretta), era el fontanero del “cole” y el de la puerta no dio el “queo” esperando que pasase de largo. Pero no. Fue directo al garaje a por su moto y pillo a nuestros aventureros, aquel día el Biscuter no tenía gasolina, imposible emprender la huida en él.

  • ¿Qué hacéis? ¡Quietos! ¡ Eh, tú !.
  • La situación crítica. Como el Biscuter no tenía gasolina, el que empujaba lo hizo con más fuerza para dificultar la acción del intruso.
  • ¡El copiloto encargado del freno que se baja en marcha!
  • El piloto, ¿Qué haces?
  • El intruso que se acerca e intenta coger el coche.
  • El piloto, que también se baja.
  • Y todos, pies para que os quiero.
  • El Biscuter, sin control, con el intruso sin saber a qué atender, si salir detrás de los aventureros o parar el coche. Lo tenía crudo.
  • Al final, el Biscuter estrellado contra las paredes del garaje.

Al día siguiente, nuestros cuatro aventureros ya habían sido identificados, localizados, juzgados y sentenciados. Don Teodoro, quería impartir su justicia, no le dejaron. Pero exigía, poco menos que un coche nuevo, menudo cara, que se lo habían roto. Que se lo pagaran, ¿de dónde iban a sacar las perras?

El “paquete” fue de los ejemplares. Los sábados y domingos que cayeron, ni se sabe, qué más da, con lo bien que nos lo pasamos….

Aquí tendría que haber terminado la historia, pero hubo una segunda parte:

2ª PARTE

“Lope de Vega”. Sí, ese que tiene una calle en casi todas las ciudades, autor de unos versos, que dicen:

Pobre barquilla mia…
¡Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvela,
y entre las olas sola!

Y claro, uno de nuestros aventureros, no se pudo resistir a la tentación y a los pocos días los parodió para contar su hazaña con el Biscuter.

 POBRE BISCUTER MIO
¡Pobre Biscuter mío,
entre las paredes roto,
por las manos de unos desalmados.
destrozado y abandonado!

Y no conforme con su parodia, como se la tenía que contar a alguien, no se le ocurrió otra cosa que tras escribirla ir y depositarla en el buzón que había en el mostrador de la portería, donde el Sr. Puertas. Según se entraba por la puerta principal a la izquierda.

El papelito con su parodia termino en manos de Don Manuel Carrascosa, el director……. otra vez a pisar alfombra. Esta vez los cuatro aventureros fueron llamados en hora de máxima audiencia, es decir a la hora de comer, exhibidos entre los dos comedores, delante de todos, para que confesaran quien había sido el autor de los versos. ¡Vana ilusión!. Nunca se supo de su autor, y hoy día tampoco se sabe de él (ley del silencio). A Don Manuel, como los versos le hicieron gracia, los rio. Seguro que hoy, donde este, todavía se está riendo del ingenio mostrado, aunque siempre insistió en saber de su autor para trasmitirle su felicitación, decía él.

Aquí estaría bien terminar la historia, porque ya se ha alargado bastante, pero no hay dos sin tres.

3ª PARTE

Queda un pequeño fleco.

El intruso. Sí, el que también guardaba de “papo” la moto en el garaje. El chivato, pecado capital en el Infanta de la época.

Por fin, se acabó el curso. Llego el verano. Todos de vacaciones. Uno de nuestros aventureros se va de vacaciones con el Colegio a FUENGIROLA, la primera vez que se fue. Dos meses a la playa. Por entonces durante el periodo de vacaciones a los alumnos se les daban 10 ptas. a la semana para sus gastos (creo recordar que esa era la cantidad).

Pero Don Teodoro está al acecho, se pone algo pesado, quiere que le paguen su coche. Insiste, que se lo paguen. Que ahora, ¡uno de ellos, tiene dinero!. Y así, consigue que al aventurero que está de vacaciones con el Colegio le descuenten la mitad de la paga para pagarle su coche, y eso que intercede uno de los inspectores para que le quede la mitad, más adelante decidiría dejar de descontarle cantidad alguna. Santo varón.

  • Que no era para tanto, dice.
  • Además, que el Biscuter lo guarde en la calle, que el garaje tiene dueño. (No lo volvió a guardar en el garaje del Colegio)

Y un día del verano, apareció por allí montado en su Vespa o Lambretta, ahora con sidecar, el intruso, el fontanero, el chivato. A veranear de “papo”. Y como en los meses de Julio y Agosto en Fuengirola hace un sol de justicia, aparcaba su moto a la sombra de nuestra residencia de vacaciones, justo debajo de una de las ventanas de uno de los dormitorios.

La solidaridad con nuestro aventurero castigado a media paga está garantizada y la presencia del intruso, que todos ven como el chivato, que quiere pasarse unos días de vacaciones de “papo” es propicia para proporcionar un entretenimiento asegurado con la moto aparcada debajo de una ventana. Enseguida se establece un concurso de “lapos”, los cuales son teledirigidos cual proyectiles inteligentes que impactaban certeramente en el asiento, en el manillar, en los instrumentos, en todos los sitios de la moto y el sidecar. Y se quejaba. Que se la manchaban. Parecía el arco iris. Pero insistía y la seguía aparcando debajo de la ventana, aunque la vigilaba, solo un rato, apostado en la calle. Pero los proyectiles tras describir unas perfectas parábolas seguían impactando con precisión en la moto del chivato. Siguió el consejo que le dieron y se marchó.

El verano del 61 trascurrió de maravilla. Aquel fue un buen año.

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Fotografía Fuengirola, 62