1957 – Que la peste te acompañe

TITULO Que la peste te acompañe
AÑO 1957
PROTAGONISTAS Laureano González Rodríguez
AUTOR Laureano González Rodríguez

Cabreao, cagao y sin cine

Si constato que ocurrió allá por el año 1957, ¿qué más da el mes y el día?… Lo importante del evento era una reiteración concatenada de lo mismo: otro fin de semana apareciendo nominado en la “Lista de Castigados a Estudios”. ¿El motivo?…, ¡vete a saber!…, pues sería por cualquier travesura de niño, ¡cometía tantas!… Era meterme en ese calabozo (sala de estudios de Preparación Militar) y la incertidumbre me carcomía las neuronas, saltando las alertas en todo mi ser. No sabía muy bien lo que me pasaba, ¿inmadurez, torpeza, simples manías persecutorias o una mescolanza de todas esas sensaciones?…, el caso es que no conseguía acostumbrarme a la situación a pesar de ser multireincidente. Lo cierto es que en cuanto me encerraban en aquella mazmorra me sentía inseguro y me daban ataques de ansiedad. Era domingo y para comer, como siempre: Paella y filete empanado. ¡Odiaba la paella!…, se me atragantaba aquel arroz tan seco, pero no había más remedio que tragárselo, aun sabiendo que me iba a sentar fatal, ya que corría el riesgo, ante una tarde tan larga de estudio, por culpa de la gazuza, de morir por inanición.

¡Efectivamente!…, sobre las seis de la tarde me dolía mucho la panza. Empecé a sentir malestar en el estómago, y estuve aguantando un rato hasta que me puse rojo, presagiando que no iba a poder aguantar más sin ir a los servicios. Por momentos los retortijones se iban intensificando mientras yo, estoico, apretaba el orto, y, ¿qué sucedió?…, ¡que me cagué encima!…, bueno, fue solo un anticipo. No sabéis lo desgraciado que me sentí cuando repentinamente aborté ese maldito excremento. ¿Cómo actuar?, si a pesar de ser reincidente en cagadas anónimas por algún que otro pasillo era incapaz de buscarme la vida en este tipo de circunstancias tan extraordinarias. Fue una experiencia trágica y tuve que permanecer toda la tarde sentado sobre aquel zurullo, evitando hacer el menor movimiento de piernas para que no aflorara la pestilencia. Por si fuera poco, también se me habían escapado unas cuantas gotas de pis que estaban poco a poco mojando mi ropa interior y a punto de mojar la exterior.

cineA las 19 horas echaban una película de Stan Laurel y Oliver Hardy (el Gordo y el Flaco) en el salón de actos. El Inspector decidió dar por terminado el castigo y nos dijo que nos fuéramos a ver el cine. A mi me encantaban estos documentales pero, era del todo imposible que pudiera asistir, expuesto como estaba, por la peste a mierda que desprendía, a que los que estaban en las butacas más próximas “me corrieran a gorrazos”, por lo que decidí perderme el celuloide.

Esperé a que saliera el último de los castigados y, cuando comprobé que ya no quedaba nadie, intenté salir corriendo, pero el zurullo empezó a moverse por entre mis nalgas amenazando con resbalar por una de las perneras y aflorar al exterior, ¡quietoooorrr!, optando por ir, como “Chiquito de la Calzada”, muy despacito al baño. Al salir de la clase tuve el presagio de que no iba a aguantar más ¡y así sucedió!, un par de pedos fue la señal…, terminé de orinarme y de cagarme mientras caminaba, ¡eso si!…, mientras me lo hacía sentí el alivio más placentero de mi vida, hasta el punto que incluso sonreía. En los retretes, con papel y agua traté de limpiarme lo más decentemente posible, pero el maldito culo estaba impregnado, ¡qué vergüenza!, no veía la hora de dar tiempo para que se metieran todos en el cine y me dejaran solo para ir al vomitorio (pisos de pequeños) a cambiarme de calzoncillos y lavarme el culo.

Huelva, 30 de mayo de 2016

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