1951 – Nuestro primer cigarrillo

TITULO Nuestro primer cigarrillo
AÑO 1951
PROTAGONISTAS Laureano González Rodríguez
AUTOR Laureano González Rodríguez

Fue algo muy fácil de explicar. Si tenemos en cuenta que en la primera infancia los padres y hermanos mayores son “modelo de conducta”, si ellos fuman es porque no será tan malo como dicen. El caso es que, allá por el año 1951, domingo por la mañana, estando en el colegio “Marqués de Vallejo” Manuel Angulo Usón (6 años) y yo (5 años), aquél recibió la visita de su hermano Guillermo (guardia joven), el cual  venía acompañado de otros dos polillas. Entre las nenas guapas del “Junca” molaban mucho esos apuestos mozalbetes, marcialmente uniformados con falsos galones que auguraban una ficticia carrera uniformada. Hubo un momento en el que, Guillermo, nos dijo que le lleváramos subrepticiamente una nota manuscrita a una de las niñas de un grupo próximo diligentemente escoltadas por dos monjas. Nosotros accedimos bajo el chantaje de que a cambio nos tenía que dar uno de sus cigarrillos y un par de cerillas. Cerrado el acuerdo e ignorantes del contenido de la nota y en lo que quedaría su entrega a la destinataria, Manolito y yo nos fuimos a las vaquerizas, encendimos el pitillo, y, después de una calada, los gases y el alquitrán del humo del tabaco nos irritaron los bronquios ocasionándonos una tos compulsiva, ganas de vomitar y los ojos llorosos y rojos. Arrojamos al suelo el cigarro y nos dimos a la fuga como alma que se lleva el diablo.

IDEALESSon miles de experiencias de todo tipo las que experimentamos a lo largo de nuestra vida. Unas son buenas, otras son regulares y otras malas. De todas se aprende algo, no vamos a negarlo, pero debe de quedar claro que las primeras experiencias son las que quedan en nuestra mente, quizá porque cuando éramos más pequeños teníamos la suerte de disfrutar de las cosas por primera vez pareciéndonos algo digno de ser probado. En estas edades los niños ya han adquirido mucha autonomía, son muy apasionados y viven las experiencias muy intensamente, son impulsivos, curiosos, exigentes, activos y su necesidad de descubrirlo todo nos puede ser difícil de entender.

Nos hallábamos en las vacaciones de verano y podría ser el año 1955. Francisco Xesteira Pais y yo, (ambos formábamos una buena yunta de monaguillos), acabábamos de ayudar a misa en el Monasterio de El Escorial, por lo que éramos portadores de los estipendios recibidos por nuestra colaboración cristiana: Si bien aquella situación de poder adquisitivo no era óbice para que Xesteira fuera un potentado que siempre estaba montado en plata. Aquella tarde, (no recuerdo si la idea fue mía o del irunés), el caso es que nos compramos cada uno una cajetilla de “Ideales” y una caja de cerillas y nos fuimos a los soportales del patio de la Academia de la Guardia Civil. Estábamos disfrutando del placer de encender cigarro tras cigarro, deleitándonos del placer de sostener entre los dedos aquellos pequeños cilindros de veneno, mientras veíamos ascender y evolucionar las volutas del humo del tabaco que exhalábamos torpemente por la boca… Hasta que nos sorprendió mi hermano Pepe (QEPD), que me quitó el paquete y lo pisoteó al tiempo que me dio una colleja.

 “Cartapacio de Sandeces”, 13/01/2015

6 respuestas a 1951 – Nuestro primer cigarrillo

  1. Angel Urruchi dijo:

    Yo llegué a Zafra el primero de Noviembre del 1955 como un Angelito de 10 añitos, fue en el colegio de huérfanos de la Guardia Civil San Luis Gonzaga donde aprendì sin creérmelo totalmente que los Reyes Magos no existían. Fumar? No sabia lo que era, si era bueno o malo, pero cuando el diablo no tiene otra cosa que hacer… mata moscas con el rabo. Y en compañía de algunos hermanos de infortunio y el mas carismático de aquel entonces (José Luis Mellado Rivero QEPD) “Que ya sabia que fumar era bueno” un sábado por la tarde nos fuimos a la búsqueda de pavas de todo tipo. De vuelta al cole, el tabaco liberado del papel que le contenía fue enrollado en un hermoso trozo de papel de periódico en blanco y negro que por los suelos también encontramos. No recuerdo cuantos eramos a tirar del porro (puro tabaco) pero aquello fue lo que crei ser mi primer pecado.. Mas tarde cuando nuestras finanzas lo permitían, comprábamos algun cigarrillo suelto “Girafa” “Reno” “Ideales” etc. Corríamos a pedir la pava a aquel que veiamos fumando, cuando la pava había estado ya pedida, pedíamos la contrapava; en este ultimo caso necesitabas un alfiler para poder mantener la contrapava para no quemarte los dedos; solamente te quemabas los labios. En febrero del 56 (feria del moco en Zafra) con un frío que pelaba me bebí en compañía de Mellado el primer pesetero (vaso de vino) de mi vida. Salimos mas contentos que dos Pascuas.
    Urruchi

  2. molina salamanca (72-82 o alguno mas) dijo:

    Tarde de sábado, sala de televisión final del pasillo de primaria, inspector Juan Ramón. Lo normal ante el tostón de película, la obligación de estar allí y las mentes despiertas y traviesas, de cinco o seis artistas que no paraban de hablar y molestar al resto, con lo cual el señor inspector nos castigo en la clase contigua a la sala de tv. que era la de D. Manuel Martínez y que como en todas, había un armario. Fue este el sitio perfecto para que tres o cuatro de nosotros nos metiésemos y con las puertas cerradas nos fumásemos un par de Rex (eran mas suaves). Como no podía ser de otra manera Juan Ramón paso a ver nuestro ejemplar comportamiento, y lógicamente nos puso a caldo cuando vio salir por las rendijas del armario el humo del interior y la fogata que teníamos cuando abrió las puertas. Una actuación ejemplar la del inspector si no tenemos en cuenta el castigo lógico (que no recuerdo), pues evito la intoxicación de unos cuantos pínfanos por monóxido de carbono.
    Otra más también con Juan Ramón (era el puto amo en el colegio) fue en la clase de 8º de EGB. Tras el opíparo almuerzo y esperando el inicio de las clases de la tarde, cerramos las ventanas de la clase y nos pusimos a fumar todos como posesos. A su visita inesperada, continuo su pregunta ¿quien esta fumando aquí?, y como en Fuente-ovejuna todos callamos y nadie estaba fumando pero… con la tranquilidad del inspector Colombo fue entre abriendo un poco las contraventanas de los balcones, y los rayos de sol iluminaron todo una tupida atmósfera de denso humo que nunca olvidare, no solo por la carcajada que me produjo la situación sino también por el capón que me lleve, que aun hoy me duele con solo recordarlo. Grandes momentos y grandes historias. Un abrazo hermanos

  3. Yo ya llegue iniciado al colegio, provengo de un barrio marginal de Oviedo y en la calle aprendíamos de todo menos lo bueno. Creo recordar que también con 6 años compramos un paquete de ideales, teníamos tanta ansia de fumar que nos los repartimos entre cuatro o cinco y los encendimos todos a la vez, dando caladas mareantes hasta acabarlos medio colocados, después de eso lo deje y volví al vicio en el Infanta, fumaba en todos los sitios que se podía fumar, la leñera, donde las pistas de tenis, en el campo de futbol….etc, seguro que cayo algún otro capón y algún domingo que otro, pero creo recordar que sobre los 16 años se nos dio autorización para poder hacerlo libremente….que no lo deje hasta hace 10 años “ganando” con el cambio 20 kilos que me esfuerzo en dejar también. Los cigarros que más recuerdo, era cuando en los partidos de futbol, en el descanso, con todos los alveolos pulmonares abiertos por el ejercicio, le metías un Ducados y aquello hasta te hacía daño, juventud, divino tesoro….

  4. Jose Afán dijo:

    Yo también recuerdo aquellos tiempos en los que empecé a probar los cigarrillos en el Infanta. Tendría unos once años y un cuerpecillo como un bicho-palo. Para molar y ser fumador reconocido había que superar una prueba inicial: echarse una buena calada a pecho, y con todo el humo en los pulmones, decir: “el buen fumador, que sabe fumar, echa el humo después de hablar”. Si conseguías pronunciar aquella frase sin echar el bofe, y después de haberla dicho, podías exhalar humo todavía, te habías ganado la admiración y el reconocimiento del resto de los imberbes del corrillo. En una de aquellas ocasiones, el padre Pedro -alias “el Motonabo”- nos regaló un purazo, un Montecristo Nº1 más reseco que el ojo de un tuerto, para que nuestra toma de contacto con el tabaco fuera como “una experiencia religiosa”, ¡y vaya si lo fue…! Lo encendimos una noche en los servicios de los dormitorios, en la segunda planta del pabellón de pequeños. Primero lo probó Montiel Molina el mayor, luego “Osorio” el pequeño, un servidor… y no recuerdo quién más, con los mismos resultados: una tos fuerte y seca…, unos ojos rojos llenos de lágrimas…, unos bufidos… ¡¡¡Menuda experiencia!!! Todos llegamos a la misma conclusión: no nos gustaban los Montecristo del Nº 1.

    • Anónimo dijo:

      Un saludo yo estuve en el infanta entre el 78 y el 82 me acuerdo de motonabo. Yo estaba de medio pensionista vivía en la dire recuerdo esos nombres. Entre con 10 años. Mi primer cigarrillo lo eché entre los autobuses de presos y los land Rover que bajaban ametrallados del Norte.buenos recuerdos.

    • Miguel malfeito dijo:

      Un saludo yo estuve en el infanta entre el 78 y el 82 me acuerdo de motonabo. Yo estaba de medio pensionista vivía en la dire recuerdo esos nombres. Entre con 10 años. Mi primer cigarrillo lo eché entre los autobuses de presos y los land Rover que bajaban ametrallados del Norte.buenos recuerdos.

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