1970 – 1980 – Salvar al Soldado Ryan

TITULO Salvar al Soldado Ryan
AÑO 1970-1980
PROTAGONISTAS Jesús Carranza Cañas
AUTOR Juan Manuel Orozco

Durante nuestras estancias en el Infanta rara ha sido la promoción que no ha participado de una manera u otra en un asalto a un determinado sitio con el objetivo de apoderarse de los tesoros allí guardados. La cocina, Dirección, la imprenta, el ropero, Quinito, la casa de la Señora Puertas, todas sufrieron en sus carnes el expolio de huérfanos, todos eran bien aceptados por el resto o cuando menos no recriminados y los no participes se limitaban a hacerse los sordos o a intentar que se compartiese con ellos parte del botín, bueno todos, todos, no, los realizados a la Señora Puertas tenían un rechazo mayoritario y los culpables no solían andar pregonando tan dudosa hazaña.  Comida, tabaco, ropa, libretas y bolígrafos, exámenes, chucherías…..en definitiva todo lo que nos podía aportar algo de placer o reducir nuestras horas de estudio, era susceptible de ser asaltado y tarde o temprano, lo seria.

Hoy toca un relato de nuestro hermano Jesús Carranza Cañas y versa sobre la “apropiación indebida” de material de papelería, en el también intercalo alguna aportación mía que se sale del relato original pero que creo puede enriquecerlo. Jesús, espero no estropear tu relato.

Ryan1Aunque en la película solo había un hombre al que rescatar, el titulo le viene al pelo aunque cualquier similitud entre la película y el relato, es mera coincidencia.

Era habitual que un grupo de huérfanos nos abasteciésemos de forma más o menos ilegal de las cosas típicas de clase, libretas, bolígrafos, lápices…etc. algunos utilizábamos nuestras “posiciones privilegiadas” como encargado de papelería y cuando subíamos a pedir libretas, bolígrafos o lo que se necesitase, siempre teníamos alguna triquiñuela (bolígrafos y lápices partidos por la mitad o gomas, etc.) para bajar con más cosas de las que entregábamos, así, poco a poco siempre tenías un pequeño remanente de todo. Como para este puesto solo había uno por clase y como mucho podían beneficiarse los más próximos a ti, el resto se las ingeniaba para conseguirlo de otra manera, claro está, otros muchos se apañaban con lo que tenían. La historia de hoy va de los segundos, de los que con premeditación y alevosía preparaban un plan y lo ejecutaban a la perfección o casi, dejando muchos flecos al azar y es que cuando la cosa se tuerce, se tuerce….y a los huérfanos se nos torcía todo con demasiada frecuencia.

Con más o menos asiduidad, un grupo de nosotros,  entre los  que creo recordar que se encontraban gente como Mencía, Lozano, Lázaro y tengo dudas de si Rodero, Serrano o Armada, pero ¿qué más da los nombres?, podíamos ser unos u otros, en el Infanta participar en cualquier cosa (buena o menos buena) era algo que pasaba simplemente por casualidad, por estar presente en el momento de la planificación o simplemente por pasar por allí y ser el que hacía falta para completar el plan, claro está,  que podías echarte atrás, pero eso tenía consecuencias, como mínimo te llamarían durante una temporada cagón, cobarde o algún apelativo “cariñoso” y de ese tipo.

Ryan2Creo recordar que era un sábado por la tarde, día perfecto ya que por aquella época aunque las mañanas eran laborales en muchos sitios, por la tarde no.

El plan era el siguiente, debíamos ir a la clase de 5ºC, situada en el ala derecha del edificio central, subiendo por las escaleras del lado de la oficina de los giros y por donde se subía a los cuartos de las Señoras. Era la primera que te encontrabas y creo que única a mano izquierda.  Por su situación, estaba pegada a Dirección y entre ambas, había una puerta de las de antes, con ajustes bastos y una cerradura de las antiguas. En el afán innato de los huérfanos por el conocimiento,  habíamos descubierto como abrirla. Yo era delgado, muy delgado y tenía unos dedos muy finos, si a eso sumamos que la llave estaba puesta por el otro lado era sencillo, meter el dedo, presionar la llave y girarla para hacerla cuadrar con la cerradura luego un pequeño empujón y a rezar para que cayese en la típica carpeta azul que habíamos metido por debajo de la puerta, si así lo hacía, tirabas con cuidado de la carpeta hacia ti y ¡bingo! La llave en nuestro poder.

Una vez dentro de la estancia, siguiente paso, abrir un cajón de la mesa del escritorio de dirección y buscar las llaves de la sala de juntas.

Los trabajos estaban asignados unos se dedicarían a apropiarse de material, sin excesos, para no levantar sospechas y otros a la vigilancia, a mí me correspondía vigilar el pasillo que daba a básica, donde estaba el Apache y el Teniente Coronel Administrador.

Todo iba según lo planeado hasta que veo aparecer a uno de los administrativos que trabajan en dirección, era el del bigote, no consigo recordar su nombre pero sí que era buena gente. Que subidón de adrenalina, en esos momentos es como si vivieses una película, di la voz de alarma, todos corrimos, no habían plan de fuga, había que improvisar, teníamos que refugiarnos o salir por patas, pero los que estaban en la sala de juntas, estaban cargados de cosas, no había tiempo, en un momento de lucidez, los encerramos allí y pusimos pies en polvorosa pero en nuestra desesperada huida dejamos abierta la puerta que comunicaba con la clase de 5ºC, algunos salieron de clase librándose de la pillada, uno de nosotros se metió dentro de un armario y yo ¡Dios mío! Yo que poca picardía, me metí debajo de la mesa del profesor que no era otra cosa que cuatro patas de hierro y un tablero encima, el del armario fue descubierto, creo recordar que era Mencía y yo (Jesús Carranza) mientras, acurrucado bajo la mesa cual ingenua avestruz que imagina que si ella no los ve, ellos tampoco a ella….. como decía, el señor de administración era bastante majo, una bronca y anotar los nombres y libres como los pájaros, menos mal, si nos llegan a enviar al estudio no podríamos haber realizado la “Operación Salvar al Soldado Ryan”, creo recordar que los que quedaron dentro fueron Armada y Lozano, posiblemente Rodero también, no lo sé, el caso es que volvimos a realizar la operación del “dedo mágico” y los rescatamos, a la hora de dejarlo todo como estaba, volvíamos a poner la llave y cerrábamos solamente con el picaporte no le hacíamos el giro, supongo que pensarían que alguien se había olvidado de girarla, era un fleco que nunca supimos atar.

Estos asaltos se venían haciendo con frecuencia, luego se repartía el botín, cuadernos cuadriculados de anillas, bolis y rotuladores de colores y un largo etc.

Ryan3Después nos tocó a los “cazados” ir a hablar con Carrascosa, supimos mantener la boca cerrada, como solamente se hacía en el Infanta, los que salieron corriendo y los que quedaron dentro, salieron indemnes de tal aventura. Carrascosa nos abronco y dijo que no quería vernos más por sus dominios.

Personalmente pienso (Jesús Carranza) que ese toque de atención hizo que me volviese sumiso y obediente, a partir de entonces lo tenía claro, o me volvía a casa en Granada y me moría de hambre y vergüenza o tragaba con todo. Jolines, ¡Con lo que hubiera disfrutado con ir a coger los exámenes! Me dabais una envidia……, pero me dijeron muy claro que había una nota en mi expediente y que si ponían otra más…..me expulsarían y no me quedo elección.

Bueno, nunca se sabe, quizás eso también formo parte de mi formación y hoy en día lo único que me pesa de aquella anécdota es el no haberme visto involucrado en más aventuras para poder salvar a más amigos y así tener unas bonitas historias para contar a mis nietos.

Hasta pronto amigos.
Jesús Carranza Cañas